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jueves, noviembre 05, 2009

Prefiero cantar rocanrol donde conviene estar callado

(Concierto de Enrique Bunbury en Quito, Ecuador, parte de la gira Hellville de Tour, jueves 8 de octubre de 2009, Ágora de la Casa de la Cultura Ecuatoriana, 21h00... y el no-concierto de Bunbury en el estadio municipal de Sígsig el sábado 10 de octubre de 2009)

Pensaba escribir un post como el de los conciertos anteriores (Sabina, Soda, Calamaro -no el de Roger Hodgson-) cuando tenía todavía los tímpanos vibrando por el volumen de las guitarras, pero no me sentí muy a tono para hacerlo. Quisie esperar un poco hasta sentir que ya era el momento, pero nunca lo sentí, así que, para no dejar que el tiempo siga pasando, me pongo frente a la compu y me pongo a escribir, sin sentirme a tono... porque talvez nunca lo esté con ésto. Bastaría decir que fue uno de los mejores conciertos de la vida. Toda la excelente pretemporada, el amor por las nuevas canciones, la avidez de encontrar los setlists de los conciertos pasados, la emoción de la espera... hasta que ya estás ahí, se apagan las luces y todo va a empezar. Aparece un video en las pantallas mientras suena A plateful brain, de los Messer Chups. Los músicos van tomando ubicación, la gente grita y empiezan la batería con el bajo, se unen los otros instrumentos y el ya mítico "¡Buenas noches, cabrones!" se deja escuchar. Es Bunbury que está listo para regalarnos dos horas del mejor rocanrol... Ya sabes, si quieres cometer un par de errores nuevos, pregúntale a la banda local, o a su banda. El público un delirio, la música sigue y me has llamado cobarde por no estamparte un beso en la boca... de un lado el infierno, del otro el cielo... No puedo poner en palabras todo, así que mejor me dedico a robarle a Bunbury las palabras...

Después de ese gran arranque, todo el mundo se da cuenta que no hay muy poca gente. El Ágora está repleta y nos defendemos mejor en el cara a cara, en el cuerpo a cuerpo y tiempo al tiempo... Enrique se toma muy poco tiempo entre canciones, es una máquina, un show, carga su guitarra y dale. Sólo me espera quien no me conoce, busco a tientas el próximo refugio y ya no creo en los anuncios de felicidad... En realidad prefiero que sean los demás los que se diviertan y se lo pasen bien. Regresamos un poco en el tiempo, seguro que sólo quería demostrar esta inseguridad que me devora... Aquí, ahora, de nuevo, otra vez he vuelto a sobrepasar el límite que pude soportar, de ésta no salgo vivo. Seguimos con el Hellville de Luxe y ¿qué vam
piro de los que me habitan sacaría hoy a alimentar? Todos tenemos algo que esconder... O no. Todos tenemos algo que decir... O no. Hay que verle... baila, tiene al mundo en la palma de la mano, nos tiene a nosotros. Y tiene la mejor voz que he escuchado en la vida. No es suficiente con cantar entonado, hay que sentir cada palabra, cada nota, y él lo sabe, él nos lo hace entender. Pensaba que lo sabía, pero no es hasta ese momento que puedo gritar ¡sácame de aquí! Hubo un momento en que pudimos decir que no, que lo sentimos... nos debimos confundir...

De repente una sorpresa. No me esperé que toda la gente se pusiera eufórica con este tema que nunca fue un hit para mí, pero bueno, no ando buscando grandeza, sólo esta tristeza quisiera curar... Y otra sorpresa, la mejor de la vida, un tema que no estaba en los setlists anteriores y que sí es un hitazo para mí aunque no la quisieras ni ella a ti... últimamente voy (sic.) muy ligero sin la chica triste que me (sic.) hacía reír. Para quienes fueron a recordar a Héroes, les llegó el momento, pero yo no fui para eso porque siempre he preferido un beso prolongado aunque sepa que miente, aunque sepa que es falso. ¿Qué demonios ocurre cuando miradas no se encuentran? Recodamos luego a Alicia (no a esa Alicia... a esa otra tampoco, sino a la que te dice que te quiere cuando ya te ha abandonado). Y bueno, me calste hondo y ahora me dueles... decían qué bonito era vernos pasear ¿qué se le va a hacer?



El intermedio llegó. Otro video, esta vez plagado de frases de películas de terror tipo B de los 50, una voz que nos grita ¡No tenéis que ir al infierno porque estáis en él. Éste es el infierno!. No hacía falta que me lo recuerde... Y la banda sale otra vez, como un huracán, como el Brasil del 70, destructora y demoledora y empieza a tocar mi tema. Después de todo soy un explorador solitaro que perdió la brújula y el mapa... mis deseos no son ya sino nidos abandonados... Enrique nos demuestra que el cantante se siente como en su casa en cualquier escenario de la ciudad. Y bueno, todo valió un zarpazo al corazón... y aunque sea sólo un gesto, un guiño, sólo un beso, inténtalo una vez, aunque sea de una forma distinta a la que siempre hayamos querido. Una de las más esperadas fue la que siguió. Decidí, por eso mismo, mecanismo de defensa, presa como está mi alma, con la calma suficiente, ser más fuerte y enfrentarme cuanto antes a la verdad... Qué sueño cumplido escuchar este puñado de canciones en vivo, cantadas por la misma voz que me habla desde los discos, desde el inconsciente, desde la verdad incomprensible de esto en lo que se ha convertido mi vida. Y después, siempre hablándonos entre canciones, siempre tocándonos el alma, vino el obligado homenaje a Mauricio Aznar y la gente que no dejó de gozar ni un momento. Sé que ya nada va a ocurrir pero ahora estoy contra las cuerdas... Ya no puedo darte el corazón, perdí mi apuesta por el rocanrol. Y, para cerrar la primera parte, hoy voy a empezar, hoy es el comienzo del final... La soledad es un lugar tan vacío sin ti. Y se despidió, presentó a Álvaro Suite, Jordi Mena, Robert Castellanos, Jorge Rebenaque y Ramón Gacías y se fue por un rato...

Pero volvió, porque quien encontró el amor no lo buscaba tanto... porque la ruina trajo consigo y de la mano a las musas... y porque me dejo querer por ti (sí, claro...) Ya para qué la vida... Pensaba que no podía mejorar pero mejoró, pese a que la gente no le dejó hablar (malditos, me quedé con ganas de saber qué iría a decir de Nacho). Del segundo mejor disco de toda mi vida sacó uno de los temas imprescindibles. No fue bueno pero fue lo mejor y todo, o casi todo, salió de otra manera porque yo también me preparé para el olvido. Y al final... uno de los más hermosos valses. Permite que te dedique la última línea... así nos podemos quedar toda la vida, así, si me dejas, no te dejaré de querer. Y se volvió a ir y volvió a salir, siempre con vestimenta distinta, con guitarra afinada, con un público que ya no podía más. Un respiro para mí, gritando desde las gradas al pasado, recordando que cuando buscaba tu boca, el viento se llevaba mis besos... Y bueno, ahora que ya está todo dicho, que cada uno siga su camino, Bunbury decide bajarse del escenario y mezclarse con quienes lo aman para cantarme, porque yo también soy quien, con su guitarra cantando se pasa noches enteras, hombre y guitarra llorando a la luz de las estrellas. No se puede creer qué perfecta puede ser la voz humana. Dispuesto a darme el toq
ue de gracia -como tantas otras veces- sonaron esos acordes, ese rasgado y me lanzó otra verdad a la cara, que canto porque me levanto siempre con las mismas penas, con las heridas abiertas que siguen sin cicatrizar. Como para que creamos que terminó, otra vez se fue, otra vez volvió. Tocó la que no nos gusta, pero escucharla ahí es otra cosa, otro nivel... Otra vez perdiste tu oportunidad, siempre enfrentándote y, al final, vencido por el miedo, caes al suelo y te dejas pisar. Y ya, sabíamos que no podía durar mucho más aunque todos queríamos que siga cantando. Por eso al final sólo escribió en la lápida: No sé distinguir lo complicado de lo simple y ahora estás en mi lista de promesas a olvidar...

Aunque, como siempre, me faltaron canciones (hubiera querido gritar que estoy enganchado a ti, no lo voy a negar, si te digo me he quitado, no es verdad... las evidencias no se pueden ocultar, o que nos queda el mar y un buen pescado que comer a tu lado y eso sólo será si vuelves, claro, o que tú, regando mi jardín un día de lluvia torrencial, la mejor compañía para estados de ánimo peligrosos o incluso que puedo decirlo más alto pero no puedo más claro...) quedamos más que satisfechos. Pero sí nos quedamos con ganas del concierto en Sígsig, después de las odiseas, de tener las entradas, de estar allá, en la cola... para los imbéciles del club saltamontes fue muy fácil no dar la cara y suspender el concierto para el día siguiente. No nos podíamos quedar. Pero vaió la pena el viaje y todo lo demás también...

miércoles, septiembre 30, 2009

Tengo que pensar que ahora soy mayor

Sensaciones olvidadas que, de un día para otro, renacen y se quedan como si nunca se hubieran ido. Como una canción que amaste y que, casi sin darte cuenta, dejaste de escucharla y la archivaste en la memoria, pero que regresa vengativa en la emisora más escondida y la escuchas justo cuando vas en un taxi. Como el boleto de lotería ganador que compraste una vez sin que te hayas molestado en chequear los resultados de ese sorteo, que espera paciente en el fondo de un cajón y sale en medio de la mudanza, llevando su número directo a la web de Lotería Nacional y te detiene el corazón -no como quisieras- al ver coincidir cada dígito. Como la salida con los amigos, justo cuando no tenías ganas de salir pero ellos molestaron tanto que acabaste accediendo, la mesa del bar y las miradas que se cruzan con la chica más guapa del lugar, quien al final de la noche te da su número para que la invites a salir. Como el regreso del gatito que creías perdido, maltrecho pero ronroneante, adolorido y muerto de hambre, que se acaricia contra tus piernas para tratar de curar su corazón herido -y el tuyo- tras noches enteras de extrañarlo. Como el olor de un perfume del pasado que sale maligno de una carta vieja en el momento más oportuno, en el único momento en que lo podrías soportar sin reincidir ni llorar.

Como el juego favorito de la infancia que, siglos más tarde, tu hermano lo baja y corre sin problemas en Windows Vista.

Hay cosas que se aprenden y no se olvidan jamás. Me alegro tanto que una de esas cosas sea, en mi caso, jugar FIFA, ese FIFA hermoso que, mucho más que un juego de computadora, era un deporte de alta competencia que practicábamos con el Emo hasta casi la madrugada, intensamente, gritando cada gol como si estuviéramos en el estadio, en la cancha, sudando como si realmente estuviéramos pateando esa bola, como si fuéramos Roberto Idas, H. Van Smaiter o Sergio Vasquero. Y ahora que lo tengo en mi máquina, aproveché este perfecto portal en el tiempo para regresar unos 15 años, dejar de lado el óxido de mis articulaciones y volver a campeonar, volver a desesperarme cuando el defensa ideal no se selecciona frente al violento contragolpe rival, volver a propiciar las más espectaculares voladas con la opción de Porteros Manual, recordar que en su casa le decían "Jaquitob" a Jackob Nielsen, portero danés, cuando era niño... darme la razón después de haber acuñado la frase de "Vilandre juega fuerte" hace tanto tiempo, cada vez que el recio mediocampista holandés corta con fuerza una jugada de los contrarios, volver a sentir las ganas de golpear a Idas o a López cuando se acercan corriendo hacia la cámara después de haber marcado un gol y en mi memoria revive el "Me lo merezco"... volver a sentir la gran rivalidad entre los poderosos delanteros argentinos Alfios y Pasualdo cada que no le hacen el pase perfecto al otro por su hambre de terminar la jugada... volver a reirme de los payasos Janco Tiano, Joe Della-Savia, Peter North, Heini Lenhardt, volver a escuchar el "¡Guach, conchenchadachoch!" del técnico uruguayo, volver a sentir la capacidad goleadora de Arnold Deboer al definir como "jugador de fútbol mundial" -aunque ya me di cuenta que en "simulación" REALMENTE se debe ser un jugador de fútbol mundial para hacer ese tipo de goles-, volver a anotar esos golazos de chilena...

Éste, junto con el GP1 de Microprose, han sido mis juegos favoritos de toda la vida. Me acuerdo de la incomparable sensación de velocidad la primera vez que uno se subía al monoplaza en Spa Francorchamps y cruzaba la parte rápida del circuito, justo antes del Bus stop chicane... hasta miedo me daba ir tan rápido, con los árboles pasando absurdamente veloces tras las vallas de protección, y yo tan concentrado, con los dientes apretados, apachurrando la A hasta el fondo para acelerar al máximo, con el motor rugiendo al límite... (también Space Invaders, Zaxxon, Digger, Frogger, el juego ese de Mazinger, entre otros, tuvieron su momento de triunfo) Cómo me gusta recordar estas cosas... Es hora de empezar a tener nuevos recuerdos, mejores que los que me pueden brindar largas horas frente a una computadora, jugándome el honor en el mundo virtual. Ahora que necesito sacar bastante de mi cabeza, qué mejor que dedicarme a viajar al pasado, cuando todo o casi todo, era felicidad. En vez de estos escapes fáciles debería aceptar mi edad, aceptar que el tiempo ha pasado y que hay cosas que gritan por mi atención... Ya las atenderé... después de volver a ser el campeón del mundooooooooo...

sábado, septiembre 12, 2009

Entre las curvas

Puede que haberme quedado dos vueltas más en pista sea suficiente para alcanzar la punta. Mi monoplaza surca el trazado como un tren bala sobre sus rieles, la línea perfecta, al máximo en las curvas sin perder una milésima. Salgo de la parabólica y me enfilo con al acelerador a fondo en la recta principal... Segundos interminables con el motor a mil. Me acerco al semáforo y pienso en el miedito estúpido que me ataca cada vez que paso por aquí -que se cayera el semáforo sobre mí... qué imposible-. Nuevo récord de vuelta. Se enciende una luz en el tablero, es la indicación del equipo. Una vuelta más... una vuelta más y entraré a pits para el tanqueo y el cambio de llantas. No debo fallar... no puedo fallar.

Llego a la variante del Rettifilo, la chicana que alguna vez me resultó rematadamente complicada y que ahora incrementa mi confianza. Entro a 340 y salgo como a 70, pisando los pianos todo lo que mi auto rojo y el reglamento me lo permiten, y dejo atrás la vida que Ronnie Peterson entregó por aquí en el 78. Vuelvo a hundir el pie en el acelerador y vuelo hacia las curvas rápidas. Los nombres de Carlo Chionio, Renzo Colombini y Renato Galtrucco vienen a mi memoria junto con el terrible accidente de moto que les costó la vida hace muchos años. Me voy acercando a la siguiente curva difícil, como tus curvas, y salgo vivo de donde perecieron Renzo Passolino en el 73 y, más adelantito, el único campeón mundial de motociclismo finlandés, Jarno Saarinen, el mismo año. Pero sé que de las otras no saldría ileso... De 330 bajo a 120 para transitar por la variante Della Roggia sin que ningún neumático suelto le cueste la vida a Paolo Gislimberti ni a ningún otro comisario. Concentración... no debo distraerme.

Avanzo, avanzo al límite, voy al límite, tanto así que levanto un poco de tierra al salir de la curva de Lesmo. La temperatura de los neumáticos de esas flechas de plata debe ser casi ideal y puedo adivinar su decisión por sacarle provecho a sus máquinas y no dejarse ganar la posición a falta de más o menos 15 giros. Pero mi Ferrari va tan liviana con lo último de combustible que, si pudiera terminar esta vuelta, el cronómetro se detendría marcando un nuevo récord en el circuito. De séptima bajo a tercera para entrar a la variante Ascari... le pusieron ese nombre porque el pobre Alberto murió aquí en el 55, con sus dos títulos mundiales a cuestas. No quiero que bauticen una curva con mi nombre, pero quiero dejar mi marca en una de tus curvas, amplias y tan imposibles de tomar para mí. A 335 paso entre los fantasmas de las 14 personas que murieron con Wolfang Von Trips cuando en el 61 perdió el control de su Mercedes junto con su vida peleando por el campeonato mundial, y bajo un poco la velocidad y la marcha, sintiendo la fuerza de 3,72G en la parabólica. Dejo atrás el estruendo del último choque de Jochen Rindt, el único campeón mundial post mortem, y vuelvo a apretar el acelerador a fondo hasta poder entrar a los pits... aquí se define todo...

Activo el limitador. Son segundos que me parecen horas. Después de haber estado corriendo como un desalmado por más de una hora, bajando mi tiempo en cada vuelta, ir a 80 por la calle de pits hace que todo se ponga en cámara lenta hasta llegar donde me espera mi equipo. Freno y me detengo con las justas mientras me vuelvo viejo y mis manos sudan por los nervios. Tengo que salir delante de ellos y no dejarme pasar. Sé que sus motores tienen un poco más de potencia que el mío y que será muy difícil poder pasarlos en pista. Ésta es mi oportunidad. Confío ciegamente en mis mecánicos, así que tengo como 7 segundos para relajarme antes de salir a jugarme el título en la pista. Cierro los ojos cuando veo que una mano se acerca a limpiar el visor de mi casco. Y veo tus ojos, ojos de tantos colores, de tantas pestañas, con la mirada llena del odio de antaño y de las lágrimas de hace un tiempo. El auto se mueve un poco por las atenciones que le dan. En segundos salen las llantas usadas, gastadas hasta la inutilización, y calzan los neumáticos reservados para la última parada. Escucho el sonido de las pistolas neumáticas ajustando el perno central en cada rueda y recuerdo el sonido de las palabras que nunca quise escuchar, tu boca pronunciándolas lentamente para que yo pueda entender, con la fingida inocencia de quien sabe lo que dice pero pretende no matar. Como siempre, vuelve a pasar. Qué más da si el corazón ya está roto y se vuelve a romper. Aprieto los puños y me pregunto cuánto tiempo habrá pasado desde que entré a pits... ¿Cuánto tiempo ha pasado desde la última vez que nos vimos? Demasiado... siempre es demasiado. Siempre que quiero verte y no apareces, busco miles de excusas para pasar cerca de los lugares donde te podría encontrar, hago cosas que te podrían gustar, construyo puentes, viajo a la Luna y escribo canciones sólo para llamar tu atención. Y ahora, hasta intento ser el campeón del mundo. Pero si no gano, puedo ir despidiéndome de mis aspiraciones de gloria. Abro los ojos y puedo ver por el retrovisor a los de la manguera de gasolina que terminan de cargar el combustible. Una media sonrisa se me dibuja en la boca al volver en el tiempo a una vieja gasolinería. Me pregunto si vendrás esta noche a darme sereno aunque haya pasado mucho desde mi cumpleaños. Una promesa es una promesa. Una promesa te pesa como una casa sobre la espalda. Me dan la señal y meto primera, otra sonrisa por uno de nuestros private jokes, y arranco.

Puedo sentir la tensión en el ambiente, todos miran hacia la pista, siguen los datos de la telemetría, calculan cuánto me puedo demorar en salir. Yo maldigo al limitador, paso la señal y obligo al motor a rugir y demostrar toda la potencia de sus caballos de fuerza.

Mis espejos están llenos del gris y negro de los autos rivales. Los pasé... los pasé en pits... Fue un trabajo perfecto y estoy delante cuando ninguno de nosotros tiene que volver a entrar. No escucho los motores porque el grito de los tifosi se eleva por encima de todo como una victoria frente a los elementos. Ahora sólo tengo que mantenerme, por eso me paso un poco del punto de frenada y mantengo la cuerda para evitar adelantamientos en la chicana, justo donde Hakkinen metió primera en vez de tercera y terminó llorando en el bosque. Bloqueo lo justo y salgo como líder, mientras las flechas de plata tienen que extremarse para no chocar entre ellos. Eso les quita un poco de tiempo, me da unos metros de ventaja, más metros, no se acomodan y yo transito sobre las marcas de caucho, más tracción para mí, más velocidad.

La capa asfáltica es un billar, el trazado es perfecto, perfecto como tu piel, la curva de tu espalda con el cabello largo que le cae y la esconde. A 305 kilómetros por hora en la curva Biassono no debería haber tiempo para pensar en esas cosas. No debería pensar en el bosque que rodea al circuito, en ese otro bosque que me llama sin que tú lo sepas. Debo concentrarme, ellos se quedaron atrás, perdieron demasiado tiempo evitando su desastre, pero no podrán evitar que les gane. Acelero con los labios bien apretados... sabes que eso es lo que me destroza los labios y no la falta de besos, como traté de engañarte para obtener alguno. Más velocidad y vuelvo a la variante Della Roggia, la misma curva cerrada, cerrada como están tus ojos para mí. Sobresalto al corazón... no más distracción, me digo al saltar demasiado en uno de los pianos. Acomodo el auto, me acomodo en el asiento y no tengo miedo de volver a pisar a fondo el acelerador. Ya no los veo en los retrovisores, sólo te veo a ti en cada curva, en tu auto con placas que no son de aquí, auto de rally, auto al que me subí para comerte a besos.

Las hojas de algunos árboles se han caído durante la carrera y son como lunares en la pista... muy pocos lunares en comparación con los tuyos. Sin miramientos mantengo la velocidad en Lesmo y acelero al salir de cada extremo de la curva. Con el auto pesado por el repostaje y las llantas que todavía no alcanzan la temperatura que necesito, amplío mi ventaja en milésimas que se hacen décimas en cada nueva curva. Se abrió una brecha y lo tengo todo bajo control, como pensé que tenía lo que siento por ti. ¿Y lo que tú sientes o sentías? Aquí llevo lo que te gusta de mí, lo que odiaste alguna vez, lo que dijiste amar, lo que podrías llegar a adorar, lo que no sabes y lo que no te importa. Soy yo ¿no me ves? ¿no me dices nada? ¿es que no te das cuenta? Dejo al mundo a un lado para que escuches lo que tengo que decirte...

A más de 300 sólo se escucha el desesperado llanto de los frenos en la curva del Serraglio. Desconcentración, estúpida desconcentración la que me causa tu risa burlona. Bloqueo los neumáticos para mantenerme lejos de los rieles, cada vez más cercanos. El golpe seco me deja sin reacción, rebotando de un lado al otro de la pista, destrozando la Ferrari, tus ojos reflejan el susto de que algo malo me pueda pasar, piezas regadas por el piso, una llanta que vuela por los aires y los McLaren que lo esquivan todo y pasan, me pasan, se ponen delante y se van directo a la victoria, a mi derrota.

Sabes que el dolor que tengo va más allá de lo físico. Te preocuparías si me hubiera roto algo, pero te ríes de que esté bien, aunque tenga el corazón destrozado, aunque no sepa dónde ni con quién estás, aunque a ti no te importe.

Game over. Me tiemblan las manos y dejo a un lado el teclado. Apago la computadora y, lleno de recuerdos, hago como Hakkinen y me voy a llorar al bosque.

miércoles, septiembre 02, 2009

El efecto iPod

Todo puede cambiar con la banda sonora indicada... El estado de ánimo, la velocidad de la caminata, la cantidad de calor o de frío, el estado de vigilia, las ganas de hacer o no hacer algo... incluso la suerte. Salgo de casa por la Sarmiento... lo de siempre en la calle y en mí. Cuando de repente, detrás de un árbol se aparece Piazzola con su Balada para un loco y la gente se borra del mundo. Camino con la sonrisa en toda la cara, respiro dejando a un lado el smog y los semáforos hasta me dan paso siempre. Te hace creer que hoy será un buen día. Pasan las horas, interminables y terribles y te encuentras a ti mismo en el asiento trasero de un taxi, regresando a casa con los audífonos puestos, escuchando la Polonaise de Shigeru Umebayashi y sintiendo a los recuerdos que te caen encima destructivos como un gol del rival en el último minuto de los suplementarios. Nada que hacer... Me subo al bus y se me acerca un niño con su macabro plan de recolectar malhabidamente algo de dinero para su ficticia hermanita quemada, con el mismo discurso aprendido de memoria, las mismas pausas, las mismas inflexiones en la voz y la misma foto de la niña quemada en un incendio en Zámbiza que te engaña una sola vez... y agradezco al cielo poder subir el volumen y disfrutar de la violencia real de The Beatles con la desgarrada voz de Paul que grita Helter skelter mientras los incautos incrementan la fortuna del niño ese. Después el viento me pega en la cara cuando abro la ventana y veo las casitas pintadas de rojo y oigo a los Red House Painters con su Have you forgotten? que me recuerdan que no he olvidado algunas cosas. Y sonrío porque, de todos modos, es divertido hacerlo, tan divertido como ir tocando mentalmente -y no tan mentalmente- Paranoid android como Thom Yorke, solito con su guitarra, y tratando de acompañarlo mientras cantamos juntos. Y, hablando de acompañar, la gente me regresa a ver cuando le hago la segunda a Andrés, muevo la cabeza al ritmo del rocanrol poco optimista de No se puede vivir del amor, o cuando preparo mi pretemporada de Bunbury con los coros de El hombre delgado que no flaqueará jamás. Eso está bien. Lo malo es cuando le hago la segunda a Nacho, demasiado alto, y la gente se siente ofendida por las barbaridades que canto en Dry martini S.A. y, al darme cuenta, me siento incómodo. Pero todo pasa, todo es divino, todo se llena del color de los atardeceres del pasado con ese arco que rasga la guitarra eléctrica, con esos sonidos de ángeles armados con instrumentos eléctricos, con esa voz que es otro instrumento perfecto... con Svefn-g-englar de Sigur Ròs. Y qué decir de cuando uno se queda como bobazo, émulo de Dan, el obituarista, mirando a quien se acerca como Rachel Jones, sin saber lo que le espera, con The blowers daughter de Demian Rice en las orejas, o cuando uno sale a enamorarse de todas y de cualquiera pero de ninguna con the pillows y su inevitable Thank you, my twilight...

Pero el efecto iPod trae su efecto colateral... la sordera. Creo que me estoy quedando sordo, escucho el silencio que se acerca sigiloso a mis espaldas, listo para asaltarme. No quiero que eso pase... no soy Beethoven.

sábado, junio 27, 2009

Todo está preparado. Todo a punto.

"Tengo ya preparadas las respuestas para las entrevistas periodísticas que me harán en la prensa, radio y tele. Querrán saber qué opino y cómo soy. Me mostraré ingenioso y espontáneo. Tengo ya preparadas unas listas de personalidades importantes e incluso redactados ya los textos, muy agudos, de las dedicatorias. Tengo ya preparadas las metáforas que servirán como brillante ejemplo o síntesis que aclare lo que exponga. Saldrán como galaxias de las páginas. Y tengo preparada mi postura al sentarme o de pie, tono de voz, expresión de los ojos y la boca. Todo está preparado. Todo a punto. Puedo empezar, pues, a escribir mi libro."

El texto es de José María Fonollosa y lo escuché por primera vez en el Supone Fonollosa de Albert Plá, al que llegué buscando repetir eso de Yo quiero que tú sufras lo que yo sufro... Últimamente me ha venido dando vueltas y vueltas en la cabeza... y es que ya es hora...

Mi papá constantemente me anda preguntando que cuándo escribo algo, cuándo publico algo, cuándo participo en algún concurso de esos de la Diners o el Aurelio Espinosa. Mis participaciones en ese tipo de eventos han terminado con la clásica eliminación en primera ronda, pero al menos me ha gustado algo de lo que he escrito. Mi primera novela se quedó en stand-by como el Judas... talvez la retome algún rato, cuando sepa adónde diablos va la historia. De vez en cuando escribo cositas pequeñas que se me vienen a la mente, sólo por el gusto de escribir, sólo por no dejarlas morir en lo intangible de la imaginación para que mueran en lo intangible de lo digital... ah, cierto, y las que quedan en este espacio...

Ahora que tengo una idea clara, ahora que creo que no lo lograré, ahora que todo va a pasar -lo presiento-, ahora que conocí a mi nuevo amigo James Neligan, ahora que estoy aburrido, ahora que no tengo tiempo para nada, ahora que sé que algunos de mis amigos me ayudarían gustosos, ahora que estoy muy influenciado, ahora que preferiría morirme de hambre con esto que de cualquier otra forma, ahora que tengo la distancia que no quisiera pero que necesito, ahora que la tecnología está a la vuelta, ahora que sé que no tengo lo que me costaría, ahora que quiero ir a más conciertos desde arriba, ahora que necesito olvidar, ahora que la muerte está más cerca que ayer... ahora, justo ahora, quiero grabar un disco a la manera de quienes no tenemos un estudio de grabación pero sí un par de personas que puedan echar una mano, de quienes odiamos las canciones que hemos escrito (excepto una [una canción, no una persona]), de quienes odiamos cómo cantamos, de quienes no hemos desarrollado un estilo propio pero tenemos unos gustos eclécticos pero definidos en el campo musical, de quienes somos cero producción, de quienes tocamos mal la guitarra y no nos importa mucho, de quienes conocemos a la mujer precisa para hacer unos coros, de quienes sabemos lo que a algunas personas les resultaría detestable (y por eso mismo lo usaríamos deliberadamente), de quienes no tenemos a nadie que sepa tocar el piano... Eso de "grabar" suena muy ostentoso, creo, aunque sepa que está mal usado el término, pero es así. Tener un arte para la caja y un CD Imation -¿doble?- bastarán. Pero no debo hacerlo una sola vez. Quiero llegar a los 60 y, por fin, "grabar" un disco decente.

Y aquí lanzo la convocatoria a quienes quieran ser parte del proyecto, sobre todo a alguna chica que sepa tocar el piano... ¿Quién se apunta a subirse al tren de carga que aún no tiene destino y para el que no se han vendido pasajes nunca en la vida? Mi más sincero agradecimiento y mi más profundo respeto para quien decida meterse a algo que todavía no es nada y que quién sabe cómo terminará... o si algún día terminará... O, lo que es peor, si algún día empezará...

jueves, mayo 07, 2009

El mejor dotado de los conductores suicidas

"I think it is well known that if I want someone to stay behind me and I am faster, then he stays behind me."

Hoy son 27 años -27, como el número de su Ferrari, que él convirtió en leyenda y que después llevaron otros pilotos de la casa de Maranello como Alboreto, Mansell, Berger, Alesí y hasta creo que el mismo Schumacher-, 27 años de la muerte de Gilles Villeneuve, tras ese estúpido accidente en las clasificaciones de Zolder. Talvez si Pironi (su coequipero en Ferrari) no hubiera desobedecido la orden del equipo y no lo hubiera pasado peligrosamente en la última vuelta del GP de San Marino, un par de semanas antes del accidente, Gilles no hubiera salido como un desalmado a clasificar y no hubiera pasado nada. Pensándolo bien, él siempre manejaba como un desalmado... y eso le hizo ser quien es hoy.

Nunca lo vi correr, sólo he visto videos viejos, pero eso basta para admirarlo y adorarlo, como buen hincha de Ferrari que soy. Un tipo de sonrisa amplia que comenzó corriendo en motos de nieve, pasó ganando a todo el mundo en Fórmula Atlantic hasta llegar a McLaren -una carrera, creo- para después ser reclutado por el Comendatore y hacerse ídolo con las maniobras, los trompos, los adelantamientos, los accidentes... En su primer gran accidente murieron 2 personas cuando su Ferrari voló sobre la gente en Fuji tras toparse con Ronnie Peterson. En el último murió solamente él...

Lo mejor de la F1 nos lo regaló Gilles: el triunfo en Mónaco con turbo, los derrapes en España, la vuelta en 3 ruedas en Holanda y, por supuesto, la lucha con Rene Arnoux en Dijon, allá por 1979...

sábado, mayo 02, 2009

El señor Chow

Hace un tiempo -creo que fue en el cumpleaños del Juanes-, conversando de todo un poco, el Armando me preguntó por mi top five de películas de todos los tiempos. No supe qué contestarle porque siempre me ha parecido muy complicado hacer una lista ordenada de mis películas favoritas. Lo único que supe es que dentro de ese top five definitivamente estaría 2046 de Wong Kar Wai. Sé que a mucha gente le parece una película malísima, sobre todo después de haber visto In the mood for love, pero más bien es gracias a In the mood for love que 2046 ha llegado a ser lo que es para mí. Y es que el Sr. Chow de la una no es igual al Sr. Chow de la otra, parece un personaje totalmente diferente, otro tipo, y eso me encanta... seguramente porque yo tampoco soy el mismo tipo de In the mood for love... A veces, eso también me encanta, lo que me hace sentir bastante tranquilo, en realidad. Jugar a ser el Sr. Chow puede ser muy divertido si dejamos de lado las partes dolorosas, aunque siempre queda la táctica de una media sonrisa para calmar al propio corazón roto.

Siempre me he mantenido en lo que dije una vez de "la gente no cambia", refiriéndome a todas esas veces en que amigas mías me contaban que, después de haber terminado mal con sus novios, iban a regresar con ellos -unos completos imbéciles que les trataban pésimo- porque ellos les habían prometido que iban a cambiar. De más está decir que los tipos no cambiaron, les trataron peor y ahora ya no están juntos. Pero eso de "la gente no cambia" se aplica solamente a quienes dicen que van a cambiar. La gente sí cambia pero sólo cuando no decide hacerlo. Le pasó al Sr. Chow y me pasó a mí. Encontrar mi reflejo en un personaje de película me dejó sin respuesta y es eso lo que pone a 2046 en el top one de películas, más allá de los recursos cinematográficos, la música, el manejo del color, los diálogos, lo complicado de la historia, la ciencia-ficción del relato y todas esas cosas en las que se fijan los críticos.

No voy a entrar en detalles porque talvez no es muy apropiado y porque seguramente no estoy preparado. He ido dando pasos pequeños desde hace mucho tiempo para poder llegar al lugar en el que estoy ahora. Y ahora estoy solo... No quiero desandar el camino ni quiero tomar un descanso ni un atajo, sólo un trago, o más de uno. Me limitaré a decir que este blog es el hueco que cavé en el árbol que hay en la cima de la montaña -o el hueco que encontré en una de las paredes de piedra de Angkor Wat- y que, mientras escribo, le susurro el secreto que no quiero que se sepa. Al publicarlo lo estaré tapando con barro, el secreto se quedará aquí por siempre y yo quedaré un poco liberado. Y es que, citando a Mr. Chow (y lo haré en inglés porque suena mucho más preciso de como intento ponerlo en español), "love is all a matter of timing"...

Ahora, después de haberlas visto seguidas y en orden, puedo decir que este preciso instante, dentro de mi top five están ocupando los dos primeros lugares 2046 e In the mood for love, en ese orden. Cuando escribí esto terminé diciendo "Maldito Wong Kar Wai". Creo que es un buen momento para repetir ese final: Maldito Wong Kar Wai...

lunes, abril 06, 2009

Los últimos besos

El último beso que di fue rápido, tranquilo, un poco apurado, frente a la parada de la Ecovía... la despedida, con un taxi que paraba para llevársela, con el vacío de una ciudad en feriado donde nadie se acercó a nosotros para mojarnos. Bueno, el último beso fue ayer por la noche, en un sueño, pero mis sueños no importan... nunca han importado, así que mejor me limito a la vida real. El último beso hasta hoy... Pero ha habido otros últimos besos, sellos definitivos sobre historias de amor, de pasión, historias que no debían suceder, historias que no tenían que terminar... La gran mayoría de ellos llegaron junto con mi completa seguridad de que era el último, así que iban acompañados también de la rotura del corazón, besos tristes con bonitas canciones de fondo.

Al primer último beso que tuve no lo recuerdo muy bien. Creo que fue en la esquina de esa gasolinería de la 10 y Naciones Unidas, aunque puedo estar equivocado. Tengo que reconocer que no fue con la misma chica
de mi primer beso... en mi defensa puedo alegar, parafraseando a Ross Geller, que we were on a break!!, aunque de eso ya ha pasado tanto tiempo que nadie debe acrodarse... ni siquiera las dos implicadas... Ese beso no fue triste, porque todo fue pasajero y todos sabíamos que yo iba a volver con la otra chica, la del primer beso... Lo que sí me acuerdo es que ese primer último beso tenía el olor de la humedad del saco blanco de esa chica, mezclado con su perfume que no me gustaba y el frío en las narices. Un poco después... unos diez meses después, me topé de frente con mi segundo último beso, doloroso con la certeza que expliqué antes, en el patio de Ingeniería, a un lado del bar de la Pinky. Ya tenía el corazón roto pero en ese tiempo podía agarrarme de una relación que ya estaba perdida con tal de evitar el dolor... sólo que no lo conseguí. No fue un beso apasionado, no fue bonito y llevaba una carga de pena difícil de soportar para alguien con la poca fuerza de mis hombros, de mi corazón. Me quise morir ese día... y ni siquiera bebí...

Hubo otros últimos besos. Uno con lágrimas en sus ojos, en la 12 de octubre, mientras nos dirigíamos a una fiesta de disfraces (ese debe haber sido el más sorpresivo de todos... por eso mismo me cogió tan desprevenido que no sentí el golpe hasta la mañana siguiente, al levantarme de la lona), con una mujer excepcional. Otro llegó de mutuo acuerdo en el hall de Psicología, en una mañana muy soleada de febrero o marzo. Otro, que ya se caía de maduro porque las cosas no iban bien y no había habido besos en algún tiempo, fue en el asiento de un carro frente a mi casa... tardé en darme cuenta que ese fue el último porque, de un momento a otro, las cosas terminaron sin que ninguno de los dos nos diéramos mucha cuenta. Hubo uno frío, pese a que yo intentaba que ella se pusiera de buen lado, que llegó acompañado de una confesión que me supo a mentira, pero a estas alturas ya no importa.

Hay uno que quisiera recordar... Recuerdo el primero, en mi cama, abrazados, entre caricias, como una hora antes del último... per
o a éste no lo recuerdo, seguramente porque yo estaba en el Paraíso mientras a ella se le venía un infierno. No sé si fue en mi cuarto igual o a la salida de la puerta o en la rampa que bajaba del garage. No fue para nada triste porque pensé que mi vida empezaba cuando en realidad había ya saltado al abismo sin mi paracaídas. Cómo me hubiera gustado una vida llena de los besos de esa mujer.

Pero hay otros tipos de últimos besos... esos que vienen después de los últimos. Por ejemplo, con una chica he tenido tres últimos besos, unos me han sumido en la tristeza más profunda y el otro más bien me dejó una sensación de haber aprovechado más de una vida junto a ella. Con otra chica tuve dos últimos besos... no los recuerdo bien, el primero creo que fue en un bus de regreso a Quito, junto al conductor, y del segundo sólo sé que fue con ronquera en la garganta, cansancio en el cuerpo y sueño en los ojos. Todo esto sólo me hace volver a pensar en los finales abiertos... siempre abiertos...

Y hay otro tipo... los que sólo se imaginan porque no ha habido el primero. Supongo que hay que ser un enfermo para pensar en el último beso con alguien que ni siquiera piensa en besarte todavía... y nunca lo hará. Pero yo soy así... qué se le va a hacer...

domingo, marzo 15, 2009

Me necesito enamorar

Es fácil... es muy fácil. Saber lo que uno quiere simplifica las cosas para todos... Para todos excepto para mí.

Aclarémoslo... Aceptémoslo... ¿Dónde diablos voy a conseguir lo que quiero? Hoy, más que nunca, tengo claros los detalles, las formas, los comportamientos, el todo... El todo de la mujer que ha de ayudarme a regir mi vida de hoy en adelante. Y por eso, por el conocimiento que tengo de lo que quisiera que fuera mi futuro, sé que me lo arruiné para siempre, porque ¿de dónde diablos voy a sacar una mujer así? ¿Existe, acaso, lo que para mí es la perfección? ¿Qué demonios me pasa?

Unos pocos puntos que la definen, ayudan también a definir mi grado de estupidez:

Primero, lo que El Tipo y yo fuimos descubriendo con el pasar de los años, con el pasar de las mujeres que desfilaban frente a nuestros ojos, tan lejanas, tan de pasarela europea y televisiva, tan de rompecorazones teledirijidos: flaca, alta, blanca, narizona, pelo negro, largo, lacio, ojos negros... Y LENTES... LENTES... Hasta ahí, todo bien, se puede encontrar una chica así en cualquier Camal-Aeropuerto que nos lleve al cielo. Luego empieza a llegar lo complicado...

Debe estar familiarizada con la cerveza. No debe cerrarse a las cosas nuevas. Debe hablar italiano, francés e inglés -al menos (y talvez dominar el portugués)- para que me pueda traducir los temas de Jacques Brel, Edith Piaf, Marco Masini, Vasco Rossi y demás, y para que pueda entender algunas de mis canciones obligadas para sobrevivir. Debe tener una voz dulce y entonada para que me pueda cantar al oido canciones de los artistas antes descritos. Debe haber visto películas que desconozco, escuchado música que ignoro y leído lo que ni me imagino que existe, para que me sirva de cable a tierra con la realidad... para que me ayude a no quedar estancado en lo mismo de siempre. Debe besar como nadie. Debe saber tocar un instrumento -guitarra o piano, de preferencia- y debe tener el impulso de escribir canciones para terminar de conquistarme. No debe tener miedo -ni impedimento- de salir a cualquier hora de su casa para llevarme en un viaje maravilloso a una especie de dimensión desconocida que conozco bien pero que cada vez es diferente... que cada vez es mejor. Debe tener muchos lunares... y debe gustarle que los recorra... Debe usar la ropa más estrafalaria que el buen gusto permita. No debe importarle si nos toman una foto mientras reposo sobre sus piernas en una banca de piedra. Debe disfrutar como loca en los conciertos a los que va conmigo. ¿Ya dije algo sobre los lentes? ¿Sí? Pues bueno, sus lentes deben tener un marco relativamente grueso y deben ser lo suficientemente grandes para enmarcar perfectamente sus ojos inmensos, sin taparlos... Debe saber pelear conmigo. No debe tener reparos de dormir entre mis brazos. Debe inspirarme. Debe ser inspirada por mí. Su cuerpo debe encajar perfectamente con el mío. No debe gustar de los paraguas para que la lluvia la moje para mí. Debe llegar matando a todos, causando cataclismos universales en mí, ganándome todas las estúpidas guerras que peleo, y plantar su bandera sobre los cadáveres de mis ejércitos derrotados. Debe usar el messenger. No debe quitar la mano cuando se la tomo mientras ella sostiene una taza de té caliente sobre la mesa del comedor de mi casa. Debe ser lanzada para que yo entienda y reaccione ante sus intenciones -porque yo no soy precisamente el tipo de las iniciativas amorosas-. Debe dar besos con tabaco. No debe quedarse esperando mis llamadas -al menos no siempre-. Debe compartir conmigo. Debe tener paciencia. Debe tener un pasado, como todo el mundo, pero no debe tener ataduras que le impidan venirse conmigo. Debe tener una piel suave y con ganas de mi piel. Debe ser capaz de hacer esas cosas que rondan mi mente y que no soy capaz de escribir. Debe perdonarme por todo lo que me olvido de escribir cuando estoy ebrio...

Pero, sobre todo, se debe morir por mí... tanto como yo pueda llegar a morirme por ella.

Como quiera que sea, ya no me debo volver a enamorar de las mismas mujeres de siempre, aunque ahora aparezcan como la única opción posible y desesperada para mi salvación.

Y así es como me necesito enamorar, aunque mi enamoramiento actual recaiga sobre una canción y sobre mi iPod. O talvez por eso mismo...

Al menos esto es lo que me atrevo a decir... por el momento...

PD: Cuando se me vayan ocurriendo o vaya recordando o descubriendo más rasgos distintivos de la mujer de la que me he de enamorar, los iré aumentado en los comentarios a la entrada...

viernes, marzo 06, 2009

Carta abierta al presidente de la república

Señor Correa:

A veces me toca viajar en taxi y ayer fue uno de esos días. El taxista, trabajador hombre del pueblo, tenía su radio encendida, así que me tocó escuchar su programa lleno de llamadas al aire, señoras que se quejaban de la infidelidad de sus maridos y cosas por el estilo -con The lonely shepherd de Zamfir como música de fondo-. De repente, una propaganda. Una patética voz masculina comienza a cantar con los acordes de Hey Jude y siento que algo se me rompe en el alma. Le pongo atención a la letra y siento ganas de vomitar, dolor, pena... indignación, porque empieza a hablar sobre la tal revolución ciudadana y termina transformando una obra maestra de la música universal en un panfleto ridículo de una campaña sin sentido.

¿Cuánto le costaron los derechos del tema? ¿Cuánto le tuvo que pagar a Michael Jackson o a quien quiera que sea ahora el dueño de los derechos de Hey Jude? Son preguntas retóricas, señor Correa, porque la verdad es que no me importa. Debería saber, tan preocupado como dice que es por la justicia y esas cosas, que no todo se vende ni todo se compra. No porque el capitalismo en el que vivimos -incluidos usted y su letrero de Socialismo del siglo XXI- nos lo permita, vamos a faltarle al respeto a cualquier cosa. Para eso uno tiene principios. Yo no compraría una bandera del Ecuador para ir a quemarla en la puerta de su casa, ni le mandaría de regalo una imagen de Cristo tatuada con dibujos satánicos, ni iría a darle serenata con el Himno Nacional con una letra cambiada que insulte a su familia. Lo que usted hizo es tan malo o peor que los ejemplos que acabo de ponerle porque, además, nos restriega su canción en la cara diariamente.

Ya sé que no fue usted en persona quien eligió la canción, escribió la adaptación de la letra, hizo los "arreglos" y la grabó. Pero USTED es el presidente y USTED es quien no debería permitir ese tipo de cosas. Pórtese prepotente, insulte a las periodistas pasadas de peso, búrlese de los agonizantes, rompa SUS relaciones con otros países, quítele la jubilación a los ancianos, invéntese algún sistema para que el pago y la declaración de impuestos sean más complicados, llame a referéndum cada tres meses y gástese millones en eso, hágase más guapo y simpático, no me importa. Eventualmente puede hasta mandar a las fuerzas del orden a atacar al pueblo que se manifiesta en las calles, huir del país llevándose todo el dinero o perpetuarse ilegalmente en el poder. No me importa. No me importa que su gobierno se vaya por los mismos caminos que Venezuela o Bolivia, con sus anacrónicos Simón Bolivar o Ché Guevara como modelos a seguir, no me importa que el uno no tenga ningún significado útil en mi vida y que el otro no sea más que un desgastado ícono de la cultura pop actual. Pero, por favor, deje en paz a The Beatles. Una cosa es hacer un cover de una canción, una reinterpretación, y otra muy diferente es aprovecharse de un hit mundial para hacer proselitismo en una campaña ridícula.

La blasfemia de su campaña no tiene perdón. Siempre pensé que usted era una persona más inteligente que el resto de los imbéciles que se lanzan en busca de la presidencia. Después de escuchar esa interminable cuña radial -que, por cierto, habla muy bien de sus fondos de campaña- lo degradé junto a ellos. Incluso podría decir que Álvaro Noboa y Lucio Gutiérrez, en lo asnos que puedan llegar a ser, nunca cometieron una estupidez comparable a la suya (no se preocupe porque, conociéndoles, ya han de sacar sus propias versiones bazofiales de campaña de algún tema de los Stones o Sinatra). Al menos Abdalá Bucaram se apropió del tema de Perales sin regrabarlo ni ponerle una letrita estúpida y falta de gracia... punto a favor de quien debería estar en la cárcel y goza de impunidad durante su mandato.

The Beatles ya eran de todos antes de su llegada con su estúpido eslógan y todo lo demás, pero que sean de todos no implica que podamos destrozarlos (hasta el Butchering the Beatles es permitido). Se ha ganado el infierno, señor Correa. Ojalá pase la eternidad abrazado y abrasado ahí con su amigo Febres Cordero.

Para quitarme el disgusto, mejor voy a escuchar la canción como se debe...




Como casi nadie va a leer este post, no creo que le quite ni un voto, además que no pienso que sea motivo suficiente lo que expongo aquí como para que algún simpatizante suyo prefiera a The Beatles o a Noboa o a Gutiérrez... Igual creo que usted ha de ganar...

martes, febrero 17, 2009

Yo también estuve en París

No hay mucho que decir. Nunca he ido a Europa -ojalá este año sea el momento- pero puedo asegurarles que estuve en París. El 12 de febrero fue el concierto de Roger Hodgson en Quito y, pese a que todo hacía parecer que no lo lograría, terminé yendo. Lluvia, dolor, cansancio, sueño... todo se olvidó cuando pude escuchar tan cerca a una de las voces más identificables del rock mundial. De entre los temas de Supertramp tocó Take the long way home, Give a little bit, Hide in your shell, Soapbox opera, Breakfast in America, Lord, is it mine?, The logical song, Dreamer, School, It's raining again... De sus composiciones como solista tocó, entre otras, Even in the quietest moments, Along came Mary y Easy does it (el set list completo está en la página oficial de Roger Hodgson). Con Lord, is it mine? casi se me van las lágrimas -a ambos, porque Roger visiblemente emocionado nos dijo "You made me cry" después de escuchar el multitudinario coro de un Ágora de la Casa de la Cultura repleta-, fue uno de esos momentos que uno nunca imaginó vivir, una de esas canciones que, algún rato de la vida, fue la favorita, la más importante. Toqué el cielo con las manos.

Pero lo que sí me sobrepasó fue mi viaje a París, a ese concierto que, como dije alguna vez, es el mejor disco en vivo de la historia. Las campanas, el viento, Churchill con su "We shall never surrender" -que volveremos a escuchar en Maiden-, la instrumentación, la gente, el apoteosis, la voz... la voz intacta como ese día de hace casi 30 años... Yo estuve ahí, en París, disfrutando de Fool's overture, la mejor grabación, la historia del rock y yo como espectador privilegiado y atemporal.

Pero le faltó tocar Two of us... Nada es completo...

domingo, enero 18, 2009

Igual no lo haré

¿Propósitos de año nuevo? No es lo mío. De ganita voy a ponerme propósitos que no cumpliré... sólo para quedar pésimo después. Sin embargo, tengo una lista de cosas que me gustaría hacer este año, o cualquier año, la cosa sería hacerlas... Y si no las hago, pues ya ni modo, tampoco voy a morirme por eso... Talvez este post lo debí haber escrito antes, recién comenzando el año, pero he estado un poco ocupado. Aprovecho ahorita que ya me duele la espalda con estas benditas páginas web y que "necesito un descanso".

Escribo un poco a la patada, de seguro se me olvidan cosas, como siempre. Es mundialmente conocida mi capacidad de olvidarme de las cosas, excepto esas cosas que me matan, y esto no me mata, así que...

En realidad me conformaré con que este año sea la mitad de bueno que el anterior, pero sin las peores cosas.

  • Fumar: creo que estoy un poco viejo para adoptar un vicio nuevo, pero sería tan lo máximo ser fumador... uno de esos sueños irrealizables a estas alturas.
  • Hablar con las desconocidas: antes de navidad fui al Quicentro a comprar un regalito y tuve un encuentro con una chica. El cruce de miradas, las sonrisas esbozadas en nuestras bocas, el caminar cerca, casi rozándonos, la respuesta que no le supieron dar las empleadas de la tienda y que se quedó estúpidamente guardada en mi garganta, sentir las ganas de ella en mis ganas, la plegaria que silenciosamente levantó mi corazón a los cielos para que ella se me acercara y me dijera algo, el alargar la estancia en el lugar para ver si me decía algo ella, ella que tenía lentes, que era completamente mi tipo.. Que no me vuelva a pasar, que la próxima vez me decida y le diga algo a ella o a la que me toque de turno. No otra de estas historias, que no se repita lo de la chica de lentes.
  • Beber más y mejor: esto talvez lo pueda hacer, pero de seguro necesitaré ayuda.
  • Ver más películas: tengo que lograrlo. He empezado el año viendo cosas nuevas y eso me gusta. Debo devengar el pase de cortesía del Ocho y medio.
  • Leer más: sólo tengo que decidirme y ya, porque libros hay, en físico y en digital... Y los cómics también.
  • Escuchar más discos: discos enteros, como antes, cuando uno se compraba un CD y llegaba a la casa y lo escuchaba íntegramente, con el cartón, leyendo las letras, y se enamoraba de laguna canción desconocida. Los discos enteros son una unidad, no nos olvidemos de eso.
  • Salir a más conciertos: así no sean de los más grandes rockeros, puedo ir a más tributos a buenas bandas, a más bares donde se presente algún tipo under con sus canciones... más música de la que se pueda disfrutar en todas sus presentaciones.
  • Aceptar más invitaciones: que la pereza no me venza a veces para salir cuando el plan es bueno... pero sólo cuando el plan es bueno...
  • Comer menos carne: he bajado el nivel de consumo, pero igual, a ratos soy un verdadero anormal comiendo tanta carne.
  • Viajar a algún lugar: salir con alguien en un carro, en un bus, cruzar los caminos, llegar a otros lugares, sentir el placer de la carretera, la compañía y la buena música... Aunque sea cruzar el charco, aunque no le encuentro placer alguno en ese viaje tan lejos de la tierra firme. Lo que más me gusta del viaje es la carretera, me gusta más que la llegada y la estadía...
  • Trasnocharme trabajando al comienzo, para tener más tiempo al final: siempre me termina pasando, así que mejor ahora lo hago a la inversa. Ya no empecé desde el comienzo del año, pero sé que habrá más de una chance para hacerlo.
  • Escribir más, más posts en los blogs: no abandonar los escritos, pero siempre y cuando quiera hacerlo, tampoco me voy a obligar a escribir cuando no hay nada que decir... El silencio no es tiempo perdido.
  • Conocer más gente: lucharía contra mi antisocialidad, tratando de desarrollar un inexistente instinto gregario..
  • Aprender a tocar algún instrumento: harmónica, teclados... qué sé yo... usar el slide en la guitarra...
  • No dejar de salir con alguien por alguna estupidez: que ni el trabajo ni el cansancio ni la lluvia ni la hora ni la pereza ni el dinero ni nada se interpongan entre esa persona y yo (sea quien sea esa persona)
  • Componer un puñado de buenas canciones: complicado... lo más complicado que me he planteado... Pero como que la música me necesita en este punto... y yo a ella...
  • Comprar más cosas: me gustaría tener un iPod, la guitarra de mis sueños, cosas así, un par de pósters... bueno, a esos podría incluso "hacerlos" yo mismo.
  • Tatuaje: y buéh...
  • Olvidar a un par de mujeres: Lacuna Inc., allá voy... Tenía en algún lado una lista de cosas que pueden ayudar a olvidar, pero ya no me acuerdo dónde la dejé... maldita sea...
  • Evitar que mi barriga crezca: no puedo transformarme en uno de esos panzones y espero no hacerlo.
  • Dejar la exigencia de lado: si sigo buscando la perfección mejor me emparedo en una celda y me quedo ahí hasta morir de hambre.
  • Ser menos sedentario: caminar más, hacer algo que parezca un poco más de ejercicio. Sé que mis articulaciones no van a ser perfectas por siempre. No me caería mal un poco más de sudor.
  • Beber solo: tengo que logarlo...
  • Decirle más veces que sí a las cosas a las que les digo que no y decirle más veces que no a las cosas a las que les digo que sí: creo que está claro ¿no?
  • Oír música nueva, reciclar la otra: no quedarme estancado, que el mundo es muy grande y la música muy buena. Claro que también sería lo máximo encontrar a alguien con quien compartir esa música, pero buéh... no se puede tener todo en este mundo...
  • Robar más besos: ¿qué me puede pasar? cachetadas ya me han dado y ha valido la pena... al igual que los besos. Debería poner también que me roben más besos a mí, pero no sé si eso suceda -tampoco-.
  • Que el Pancho deje de ser tan...: soñar no cuesta nada...
  • Dormir menos: no quiero tener sueño, quiero hacer cosas, aunque sea no salir de la cama pero leer, oír música, ver una película, robar besos y decir que sí...
  • Desprenderme de cosas: al fin y al cabo, son sólo cosas... y en otras manos estarían mejor...
  • Enamorarme: pero de otras mujeres, por favor.
  • Dejar de escribir estupideces como este post...

sábado, enero 03, 2009

Inventario

El dolor con el que empezó el año, el corazón roto, los mensajes sin respuesta, la noche que me hubiera cambiado la vida, las largas horas lamentando todo, los besos que perdí, las marcas que se borraron de la piel, el comerse las uñas -metafóricamente-... Pero también estaba el André, el André y la Diana por acá... La muerte de mi abuela, el terrible sonido de la tierra cayendo sobre su ataud, el desamparo, el resto de la tristeza... La aparición repentina, los besos apasionados en el asiento del auto, las manos descontroladas, el nuevo adiós, el no entender, el no saber por qué... y seguir... María Susana Rivadeneira en el concierto de Bryan Adams, el saludo y el beso volado que me dejó volado, el chat y lo demás... El Quinche, los viajes y paseos, las entrevistas, la Vero y las primas, los bailes y las noches largas y extrañas, la Virgen... La soledad, el descanso, la nada, la pena y la nada... Las mujeres virtuales, los nuevos teamos por teléfono, los mensajes en el blog, los intercambios, los chats y lo demás, la desaparición... Deep Purple con el Chullita Quiteño y Star Wars... Cultura Intensa, la trova, el Brasil, el Cero Latitud... La casa nueva, empacar todo, la mudanza, el blues mientras pintamos las paredes, la convivencia, el hogar, el amor que llegó a la casa, la independencia... La gripe, la visita, la mejor limonada que tomé en la vida... La libertadores, los goles de Obregón al Arsenal y a Libertad, los penales contra San Lorenzo, las reuniones donde el Búho para ver los partidos, Guerrón, el gol en el Azteca, el 4 x 2 de la final en Quito, Cevallos en el Maracaná, levantar la Copa, la única copa que vale la pena... El maldito Wayne Rooney y, por suerte, no ha habido pileta en Tokyo, pese a Manso... La luna que entró por su ventana y nos volvió locos, el brillo en su mirada, la noche larga, las grandes marcas en la piel, el despertar con vino en la cabeza, primero con su despertador, después con el mío, el adiós y adiós, el frío, la lejanía, el no entener nada... La Ferrari campeón, la emoción de esa última carrera aunque Hamilton haya demostrado que se puede ser campeón y ser el mayor de los losers... Andrés en el templo del rocanrol, el mejor concierto de la vida, la noche que no quise pasar solo, todo lo que pasó, todo lo que esperé para después, el no saber por qué, las respuestas que encontré en las canciones, en las canciones de Andrés... Tokyo ya no nos quiere, Bukowski, Lo bello y lo triste... Los viajes, todos los viajes, Quilotoa y Cotopaxi, el centro y el Panecillo, la Mama Negra, las fotos, el frío, el descubrimiento del nuevo placer: mirar por la ventana, disfrutar el paisaje y escuchar Beatles, blues, Jethro Tull, Radiohead, entregarse a la experiencia de viajar... The cook, the thief, his wife and her lover, Lust, caution, Luz silenciosa, Fur... El manifiesto desastre, Daydream, Hellville De Luxe, Me verás volver gira... Los tributos, los conciertos, las guitarras, las cantadas... Los finales abiertos, los reencuentros inesperados, la intensidad que me consumió, la confianza y la familaridad de antaño, la certza de que todos los finales son abiertos... El descubrimiento del secreto, la mujer sin rostro... La noticia del nuevo sobrino, el alcohol, los paseos, la guerra mundial del picadillo... Too much alcohol, No existes, Todo lo demás, y todo lo demás también...

El año sin mar, sin estudiar, sin tener realmente a quién llamar, el año de las lágrimas de triunfo, de salir para no volver... el 2008 que se fue y se quemó en el mismo fuego en el que casi me quemo yo. Me gustó mucho ser yo en el 2008... ahora, esperar que el encargado no olvide darle cuerda a mi reloj...

sábado, diciembre 06, 2008

Lunático

Las cosas salen de los lugares menos pensados... El otro día me fui a ver La tourneuse de pages y conocí a Déborah François, la protagonista, hermosa mujer dueña de una belleza perturbadora, pese a no ser el tipo de mujer que me gusta -o talvez por eso-, y dueña también de un par de lunares en el cuello. De la película mejor no hablar, así que de una me dedico a lo que salió de la caja de Pandora que se abrió con los lunares.

Fue algo totalmente imprevisto, un disparador escondido en lo recóndito del inconsciente, en la parte prohibida de la memoria... Prohibida porque es el camino directo a la bodega donde se guarda lo que no se debería volver a ver. Estoy exagerando... me gusta recordar algunas de estas cosas que alguna vez fueron letales y premeditadas minas antipersonales que dejaron enterradas ciertas chicas para volarme en pedazos después de su partida -toda mina extermina-. Con el paso del tiempo me he dado cuenta que hasta el más insufrible dolor deja de ser lo que era... qué decir del amor, que no es más fuerte... Pero bueno, vuelvo a lo que decía. Los lunares. No estoy hablando de esos lunares descaradamente sensuales como los de Marilyn (tan reproducido a esta hora), Cindy Crawford o Eva Mendes, sino de esos otros, escondidos, insospechados, como el de la francesa de la película, puesto en el mejor lugar, con la precisión de un pintor renacentista que se toma un día entero para calcular el sitio, el color y el tamaño que debería tener. Esos lunares que, tras abrir algo más que un par de botones, sobresalen en inmejorable contraste sobre la piel blanca y tímida que tiembla al ser explorada. Esos lunares que aparecen orgullosos y altivos cuando la ropa ha empezado a caer, reclamando un beso o una mordida. Al terminar de ver la película no pude dejar de pensar en los lunares del cuello de esa mujer. Claro que no tenía mucho más en que pensar, dada la tan repetida trama de venganza en ciertos thrillers desde hace un tiempo. Y así, casi sin querer, dejé de lado esos lunares y le permití a la memoria que saque del baúl esos otros, antiguos y no tan antiguos, pasados y no tan pasados, y los nuevos y peligrosos. Cerré los ojos y los recreé.

Pude sentarme en el pupitre de atrás de ese ángel y susurrarle, con un poco de soberbia, que ella no puede ver el perfecto lunar que tiene sobre el pabellón de su oído derecho, mientras que yo puedo dedicarme casi exclusivamente a mirarlo mientras desatiendo las clases. Pude agredir con un beso a esos labios, rodeados de pequeñísimos lunares y hacerlos sonreír. Pude asomarme a ese profundo escote durante una caminata por el campus, para seguir con el lunar el ritmo de la respiración de una chica activa, sonriente y preciosa. A ese lunar no lo vi mucho, incluso me empeñaba en mirarle a los ojos a la chica, pero con tan pronunciado escote, el lunar me hacía un guiño para que le preste algo de atención... Pude morder ese llamativo lunar en el borde del hoyuelo en la quijada de esa niña, niña en verdad, que una noche quiso irse conmigo y le dije que sí, y otra noche quiso que me vaya con ella y le dije que no. Pude encontrar el punto secreto, camuflado bajo el espesor de una media nylon que terminaría desgarrando, marcando el camino en sus piernas, cada vez más largas, cada vez más blancas, en ese tiempo cada vez más mías y ahora cada vez más lejanas, ese lunar que hace tiempo me olvidó y que ahora se ríe de mí en mi memoria. Pude esbozar la misma sonrisa de hace años, cuando unas manos inexpertas descubrieron ante mí esos pechos inexplorados, los pechos y el lunar que sorprendí trepando por uno de ellos y que atrapé con mi mano izquierda, más temblorosa que la de ella. Pude bromear con la vecina, tratar de limpiar esa mancha a un lado de su mentón, esa que Dios dibujó con un lapiz de punta afilada, con su pulso infalible, ese tan bien colocado y llamativo. Pude recostarme y deleitarme con las constelaciones más hermosas en la blanca espalda de una mujer, olvidarme del tiempo y contar cada estrella en el pequeño firmamento de su cuerpo, tan infinito, retirando las nubes negras de su envidiable cabellera suelta y salvaje para tener una mejor vista de la perfección de su espalda, capturando con chocolate a las estrellas más grandes, chocolate que no necesité la última vez gracias al delicioso bronceado de su piel caliente.

¿Y mis lunares? ¿Alguna los recordará? ¿Volverán a la mente de la chica que casi me arranca uno de una mordida? Y la chica que hurgó en mí hasta encontrar el más escondido ¿volverá a sonreír si lo recuerda? ¿Será que la que intentó contarlos todos se acuerda cuántos contó? La que me dijo que el de mi ojo parece una lágrima ¿creerá que dejé de llorar?... Tengo mucos lunars como para que nadie los recuerde. Dando y dando, que habrá algunos que he olvidado ya...

sábado, noviembre 29, 2008

Ganas de conocerla

Por primera vez en la vida sentí ganas de conocer a alguien que ya murió. Debo aceptar que muy pocas veces he sentido realmente ganas de conocer a alguien... Encontré a la mujer perfecta, cerveza en mano, voz diabólicamente angelical, bella como pocas, infeliz como muchas, una nube de humo de tabaco a su alrededor, lentes, lentes, lentes (a veces sin cristales), la pinta más deliciosa de cualquier estrella de rock en la historia, la personalidad más arroladora sbre el escenario... Pero lleva más tiempo bajo tierra del que la pasó con los vivos.

¿Qué le hubiera dicho? ¿Me hubiera podido acercar a ella? ¿Me hubiera subido a bailar sobre la tarima cada vez que ella lo pidiera? ¿Hubiera aprendido sus canciones? Si hubiera estado con un par de cervezas dentro, talvez le hubiera invitado un whisky, aunque ya me conozco y seguramente los nervios me hubieran dominado y me la hubiera quedado mirando como un enfermo, tratando de escuchar su risa para no olvidarla nunca en vez de ir en busca de sus besos para no ovidarlos nunca. Creo que hay demasidos "hubiera" en este párrafo... demasiados "hubiera" en mi vida... demasiados de estos párrafos en mi autobiografía...

Me hubiera gustado llevarme bien con ella en la secundaria -otra vez "hubiera"- no como los anormales de sus compañeros que la consideraban una freak... ¿Qué hay de malo en ser freak? No hay modo de saberlo, pero les aseguro que yo hubiera sido como los anormales de sus compañeros, aunque tampoco hubiera ido a la tal fiesta de graduación.
Hoy, cansado después de tanto caminar, armar estantes, mover cajas, poner libros en los puestos y dejarle plantada a una amiga, quisiera poder ir a tomarme una cerveza con Janis, robarle su dosis letal de heroína, tocar una canción que ella nunca haya oído mientras me sonríe y me acaricia el brazo, hacerle un par de chistes y reírme de los suyos y, sacarme una foto con ella. Le enseñaría un par de canciones de Nacho Vegas, cantaríamos algo de Zeppelin, quisiera hacerle ver un par de películas y ponerme a ver las que ella me recomendaría. Y después, quién sabe, podría dormirme en sus brazos.

Tengo tanta música que escuchar, tantas cosas nuevas, que no sé si lo logre con Janis. Todos sabemos que nunca lo hubiera logrado si la hubiera conocido.

Pero igual quiero soñarla esta noche. Sería lo mejor. Es la mujer más espectacular.

domingo, noviembre 09, 2008

Ni Sibel ni Simona ni nada...

¿Se acuerdan de la chica que me llamaba por teléfono y me decía que me amaba? Algunas veces mantuvimos conversaciones telefónicas y después pasamos al campo del chat. Ella supo cómo conseguir información sobre mí, mi nombre, mi teléfono, mi correo electrónico... Y me supo mentir. Dijo que la conocería, dijo que se iría a Chile -iba a estudiar enología, gastronomía, algo así-... desapareció por un tiempo y reapareció, dijo que se había peleado con su papá y que por eso volvió, dijo que cocinaba muy bien y que me invitaría a una cena muy especial, dijo que yo me enamoraría de ella porque era irresistible, dijo que en Barcelona una chica la acosó, dijo que me escribiría un cuento, dijo que me traicionaría muy poco, dijo que gustaba del vino y la heroína, dijo que me daría mucha más música de la que realmente me dio, dijo que le estaban empezando a gustar las chicas, dijo que estoy loco, dijo que me llevaría a vivir con ella, dijo que se llamaba Sibel, dijo que se llamaba Simona... como no le creí, hicimos una apuesta, dijo que, si ella ganaba, yo sería su esclavo por tres días... dijo que yo la invitaría al concierto de Calamaro, aunque yo prefería ir con otra persona, dijo que se besó con una mujer, luego con otra y más besos y más, dijo que soy hermoso, dijo que yo le conseguiría un pasaporte para el Cero Latitud, dijo que me enviaría una foto suya, dijo que celebraría mi cumpleaños conmigo, dijo que yo celebraría su cumpleaños con ella, dijo que me daría un beso en el pubis, dijo que yo era el único hombre que le gustaba todavía, dijo que la música que ella tenía no era una copia de los mismos archivos que yo tengo en mi computadora, dijo que era real, dijo que tenía lentes... dijo que me amaba y lo repitió hasta el cansancio...

Y luego desapareció.

He aquí mi venganza: ya sé su nombre real -que no es ni Sibel ni Simona ni nada-, dónde estudia realmente, su correo electrónico, fecha de nacimiento, dirección, teléfono, cédula de ciudadanía y hasta la he visto... y la ignoraré cuando se me cruce... No contaré cómo me enteré de su identidad -sólo digamos que fue algo muy bueno-. Estoy recurriendo a todo lo malo que hay en mí para esto. Aunque ahora tiene otro nombre, que sé es el verdadero, para mí sigue siendo una mujer sin rostro...

domingo, noviembre 02, 2008

Quiero vivir para repetir otra vez este momento

(Concierto de Andrés Calamaro en Quito, Ecuador, parte de la gira La Lengua Popular, jueves 23 de octubre de 2008, Coliseo General Rumiñahui, 20h00)


La vida está hecha de canciones, de estas canciones que escuché, canté, grité, salté y lloré en el concierto. Mucha gente no entiende por qué me comporto así en los conciertos. Destrucción total, vida total. Y uno se deja llevar, pero también está todo el tiempo con la cabeza a mil, dando vueltas, purificándose, perdonándose, sintiendo la epifanía, sacando cada lágrima, cada culpa, cada arrepentimiento, cada corazón roto, cada enamoramiento, cada venganza, cada plegaria, cada súplica, cada pena, cada maldición... y cada palabra que canto desde el corazón me ayuda a seguir vivo, me ayuda a perdonarme de algunas cosas, a aceptar otras, a darme cuenta de muchas otras, a dejar pasar... y, a veces, aunque sea sólo a veces, a olvidar un poquito. Quiero arreglar todo lo que hice mal, todo lo que escondí hasta de mí... Las primeras palabras, acapella, después que la banda se instaló en el escenario como grupo de kermese de colegio, sin entradas espectaculares ni nada innecesario. Subieron todos juntos, conectaron sus guitarras y cantaron. Pero esto no empezó aquí... Los conciertos empiezan mucho antes, sobre todo éste, con toda la anticipación del caso, los rumores, las entrevistas y la confirmación en la web oficial, el cambio de fecha, la salida de las entradas a la venta, la compra de mi entrada -mucha gente se sentía orgullosa de haber conseguido entradas más baratas el mismo día, afuera del coliseo... yo me siento orgulloso de haber ido a comprarla mucho tiempo antes y haberla tenido en el cajón de mi velador, tan expectante como yo-. Y después, la cola. Cuatro de la tarde y ya había los fans, los tipos de blanco que coreaban el repertorio calamaresco desde antes que yo llegara; después las risas, el red bull, las cervezas que me invitaron Carolina y el Dark, a quines conocí ahí, la gente que hice que se colara (Hermosísima, la Diana, el Pancho, todos con sus amigos), la entrada, la espera guardando puestos, las luces que se apagan y explotar...

Ya con todo a mil, como presagiando lo que vendría, grité con todo el mundo Dame, dame, dame un poco de tu amor, yo a cambio te ofrezco una montaña de horror y sentí que se me salían el brazo y el cuello... Talvez ya no estoy para entregarme tanto en los conciertos, pero no importa, lo seguiré haciendo mientras valga la pena. Andrés no da respiro y empieza de una, antes que los aplausos terminen, a recordar a sus amigos que se han ido... y cuántos son... A Calamaro se le mueren los amigos. Aunque a mí esos dolores no me han llegado, también bajo al infierno un poco... al infierno un poco... gracias a ellas. Sudor, excitación, calor y Andrés que pisa el acelerador a fondo, y que viva la cumbia villera. Inevitable recordar, yo te voy a recordar todos los días, aunque a mí, como a todos, se me olvida... Al final del concierto tendría ganas de encontrarla y volvería por todas partes para encontrarte y preguntarte si me das otra oportunidad, aunque ella no quiera realmente verme. Pero no te olvides que algo va a quedar adentro tuyo siempre, algo que yo te dejé alguna vez... y tú a mí... Maldición, para ser justo con la canción, debería transcribir toda la letra... Y se cumplió, se cumplió, se cumplió... han sido días raros, llenos, confusos, y se cumplió, hay días como éstos, hay días para quedarse a mirar, hay días en que hay poco para ver, hay días sospechosamente light... hay un deseo que pido siempre que pasa un tren. Y el deseo se cumplió, y otros deseos se siguen cumpliendo, aunque ya no muerdo el limón de un gin tonic usado en tu cadera ¿o sí?

Anticipé una despedida fría que se vendrá pronto, sin decir una palabra, casi sin decirnos nada, sin mirarnos a los ojos... Yo me pregunto por qué me tuvo que pasar a mí. Y eso que todo era perfecto, fue perfecto por tan poco tiempo y estoy cansándome de esperar... y sé que es en vano brindar esta noche por nosotros dos. Qué quinceañero soy a veces, pero bueno, de eso se trata todo, digo para convencerme, sin saber realmente si necesito convencerme de algo así. Destino, casualidad, escrito en el Libro de la vida... Yo creo en el azar, la más poderosa fuerza del universo (talvez manejada por Predestinator, quién sabe). Ahí, justo ahí, esa voz tan conocida, tan familiar que cantaba en los discos me empezó a hablar, me empezó a empujar y me sugirió -casi que me ordenó- que habrá que desenvainar las espadas del texto y escribir una canción aunque no haya algún pretexto y dedicársela al primero que pase caminando. Yo fui el primero que pasó caminando y Andrés me cantó a mí, y lo que quise hacer fue brindar al escribir, escribir al brindar, y cantar y cantar, pero brindar por lo imposible, a su salud, al olvido selectivo, a la memoria perdida, a los pedazos de vida que no vamos a perder jamás. Pero tristeza nao teim fim... Ya era hora de gritarte, mujer, que no entendí muchas cosas, ni ese adiós ni ese espacio en blanco que me escribiste a la mañana en el messenger. Sólo me queda pedirte que no corras si te llamo de repente, no te vayas si te digo piérdete y advertirte que se aferra el corazón a lo perdido... si lo sabrás tú, si lo sabré yo... No te olvides que nunca jamás quiere decir talvez. Con todas estas vueltas, estoy tratando de decirte que me desespero de esperarte, que no salgo a buscarte porque sé que corro el riesgo de encontrarte. Y si no te das cuenta, qué más puedo hacer... sólo derramar otra lágrima como en el concierto.

¿Se acuerdan del pesonaje de condensación del que hablaba en la crónica de algún otro concierto? Qué mejor canción para revivirlo que el siguiente golpe de Andrés y la banda. Se me vinieron ellas a la mente, demente, algunas sí, algunas no, algunas me duelen y otras no, otras me quieren todavía, algunas me quieren y me odian a la vez. Y a vos te grito que alguna vez te quise demasiado y te miento cuando digo que sigo colgado de la que me colgó la última vez, que no será la última. A la salida del concierto voy a tomar una biela y otra y otra más, y ahí me dicen los más viejos del bar: primero hay que aprender a olvidar. No sé si habrás podido por los dos, porque yo... Y pensar que ésta era una de las que no hubiera pueso en el repertorio... debe ser porque quería evitar el dolor, y eso que sabemos que soy masoquista como pocos. Una banda de rocanrol verdadera puede hacer de todo, incluso imitar y mejorar el sonido del sampleado de la versión original, mientras yo me regreso a ti y, a estas alturas, para qué esconderte la verdad... tengo cada insensatez y me puedo equivocar, pero no me equivoque, contigo. Tengo abierto el minibar y cerrado el corazón, y sólo late, sólo late por los dos... Y así suene muy poco sutil, de tu cuadril no me olvido nunca más... Cómo olvidarme...

Recuerdos... Los conciertos me llenan de presente y pasado, de esas palabras que vienen a mi memoria mientras salto como un loco, listo para atacarlos, para atacarlas, y te contaré todo esto y, como siempre te vas a reír de algo ganso que te diga yo y te vas a dormir abrazándote siempre a mí. Qué más quisiera... si esa luna llena o casi llena que entraba por la ventana de cortinas abiertas sigue volviéndome loco. Lo bueno es que es la luna, no lo demás. Otra vez, Andrés, hablándome, pidiéndonos a todos, en un bello asalto, que levantemos las manos. Llévatelo todo que ya nos has dado tanto... sobre todo a mí. Así que les aplaudo, la banda toca rocanrol y yo enloquezco, aplaudo, grito... El tipo a mi lado, con sus hijas pequeñas, no entiende nada, no sabe por qué me pongo así. Es el rocanrol, el mejor rocanrol, y así Candy Caramelo, el Niño Bruno, Diego García, Julián Kanevsky, Geny Galo y Tito Dávila (perdón si olvido a alguien, perdón si aumento a alguien) nos regalaron lo mejor que saben hacer. Ya estaba a mil, respondiendo a cada incentivo del Comandante, cuado empezó, a ritmo de Spinetta acelerado, a obligarme a una confensión: me gusta ese tajo que ayer conocí, ella me calienta, la quiero invitar a dormir... dando y dando, si me invitó, la invito también... En ese punto de aceleración, Candy Caramelo y Andrés comandaron con voces a dúo para mentirme -lo puedo asegurar después del incidente aquel en que el rey del rock quiso matarme acudiendo en espíritu a mi casa- con eso de que Elvis es un buen tío y que en Memphis lo saben todos, pero es gente muy discreta y no dice nada... será mejor así... Aceleración total, locura, me sentía cerca de ir a acompañar a Elvis...

Y llegó el momento del funk y seguí recapacitando, descubriéndome, dándome cuenta que tengo adentro del pecho un sólo presentimiento, como de haberme tragado una bolsa de cemento... Entre esos acordes y el baile, los solos de guitarra y los gritos me sentí como un objeto, alguien me puso en venta ¿quién puso algo en mi vaso? el que hable, que mienta. Pero todo cambió cuando empecé a gritarte a lo lejos, a lo no tan lejos, lo más sinceramente que puedo -sobre todo después del concierto- que me gusta desarmarme arriba tuyo, me gusta demasiado ensuciarte, besar tu flor inmediata, besarte atrás y adelante... Me gusta tanto que me encante, que quiero hasta la locura desarmarme en el vaivén de tu cintura y remar sobre tu espalda y naufragarte. No te olvides de lo que te digo, no te hagas la sorda, porque sé que entiendes por qué Calamaro mezcló el final con el tema de otro de esos genios, porque el amor cuando no muere mata, porque amores que matan nunca mueren... Después de eso Andrés se superó a sí mismo. Recuerdo haber escuchado esta canción en la versión en vivo de Murcia en el 99, espectacular, mortal, brutal... pero nada se compara con haberla escuchado en persona, con los músicos rompiéndose por hacer algo sin igual, mientras yo me rompía en las gradas, preguntándome quién escribirá la historia de lo que pudo haber sido... con quién estarás ahora, quién te irá a dar de comer... quién está prearado para ser un chico abandonado... Pero bueno, sólo te puedo decir que ahora que pusiste el freno espero que encuentres algo bueno que morder... Y te grito que no entendí si ibas a ser libre o esclava, no entendí si fui tu dueño o un borracho que pasaba. Total, lo importante es que nunca pude hacerte sentir mal, creo... Como para rememorar el sueño despierto, viene el mix y, aunque no le he disparado a nadie todavía, every time I plant a seed he said "Kill it before it grows".

Y así, a la mañana siguiente diré que es tarde, se hizo de día, menos mal que está nublado. Pero bueno, quiero dormir y soñar con ella... no quiero que se termine, no quiero que me abandones. Andrés... ¿cómo te vas a saltar la mejor estrofa? Justo cuando quería gritarle que me olvidé de avisar, no te voy a llamar ni una sola vez en cuatro días, o sino, mujer, voy a hacer cualquier cosa que me digas... Y terminé, sin querer, aceptado que de cualquier maya sale un ratón. Perfecto momento para pasarnos al tango. Si bien las tangueadas calamarescas tienen sus detractores, canté -otra vez, ante la total desubicación del tipo a mi lado y de su familia- como un argentino de 70 años, lleno de amores de años pasados y no tan pasados, y no tan años, esperando el encuentro, tu mirada, mi secreto, nuestro olvido. ¿Saben qué? Como Edith Piaff, no me arrepiento de nada porque es inmoral sentirse mal por haber querido tanto, debería estar prohibido haber vivido y no haber amado... En la yema de los dedos tengo el tacto de los días, tengo el tacto de las noches, tengo el tacto de los dos... Al final, cómo no, la dedicatoria, para vos, Reina. Parece que Andrés, después de tantos años de conexión musical conmigo, aprendió a conocerme, a escuchar las otras cosas que escucho, y me obligó a decir que te hallé bebiendo linda y fatal... al mirarte yo vi brillar tus ojos, con un eléctrico ardor, tus bellos ojos que tanto adoré... ¡Qué grande ha sido nuestro amor! y, sin embargo, ¡ay!, mirá lo que quedó... Que viva el tango, el champagne, el beso, la noche... Decir que la noche terminó como tenía que terminar y no me encontró aturdido y abrumado por la duda de los celos... solo en la cantina, llorando sin remedio como un loco atormentado por la ingrata que se fue.

Disfruté como nunca antes, apretando los dedos, agarrándome, dándole mi vida a ese parabalanchas, recordando la banda sonora en aquel bus a Otavalo, en aquella película de Inés Braun. Aunque al Azteca sólo lo vi desde el avión, me quedé duro, me aplastó ver al gigante... pero ya estaba duro mucho antes. No creo que te tengo que demostrar nada, ni tú a mí, sólo comernos los caramelos con forma de corazones... dicen que hay algo que tener y no muchos tenemos. ¿Entonces? ¿Qué espramos? Al menos pude agredecer que entre tanto rigor y habiendo perdido tanto, no perdí mi amor al canto ni mi voz como cantor... más bien la mejoré aunque a la gente le guste menos. Buen momento para demostrarlo saltando con la gente que revivió al escuhar una que sí habían escuchado... Canté todo lo que pude aunque me dejaste la ceniza y te llevaste el cenicero, aunque no me gusta esperar, pero igual te espero. En este punto no sé si estoy despierto o tengo los ojos abiertos, la cosa es que, dando la vuelta por su propia historia, el Comandante me hizo comprender que al viento las campanas dirán que ya eres mía y locas las fontanas se contarán su amor, y que yo te tengo que hacer comprender que everything's gonna be all right... no, woman, no cry... Pese a todo el optimismo, la excitación y la certeza de que sería un after-party diferente, me dije que, al final, voy a salir a caminar solito, sentarme en un parque a fumar un porrito -aunque sé que eso no lo haría-. Tuve que reprimir el institnto asesino delante del mimo, del clown, estoy tan violento, tan radical, pero tengo aprendido el papel principal. Y sí, me di cuenta que el tiempo es muy poco... Entonces me puse a pensar en ellos, otro mix, ojalá los ensucie el olvido. Se dan cuenta, pero prefieren reír que llorar. A lo mejor resulta mejor así...

Me pregunto ¿habrá alguien saltado antes que yo cuando las guitarras hicieron esa introducción acústica, como en la entrevista que bajé, esa en la que Andrés decía que vendría para acá, allá por marzo o abril... Las guitarra, decía, que reconocí y grité y la gente me veía como si estuviera loco? Cortísima introducción, dos acordes y yo ya estaba en el cielo... luego la batería inconfundible y empecé como un desalmado a recordar que te vi quemando el pasaporte con rabia... Te lo digo a ti, sí, a ti, que hace un año parecía el cielo porque estabas conmigo, todvía soy tu amigo pero te deseo el bien, o lo que quieras... Puedo presumir un poco porque todo lo que toco se rompe... Yo te prometí hacer deporte pero era una mentira para robarte un talvez... el fuera de juego era evidente... Hablo de un corazón loco que se dobla con el viento y se rompe... No sabes cómo me hiciste falta saltando a mi lado en esa canción, en esas canciones, y todo lo demás también, porque tú entiendes como yo entiendo, más allá de lo que haya pasado, lo que pasó después, lo que podría pasar, lo que pasará algún rato... Y todo lo demás también... Esa canción era mi himno cuando entré a estudiar Comunicación. Si hubiera sabido todo lo que venía después, creo que igual lo hubiera hecho, aunque talvez... no sé, podría haber evitado un par de cosillas, aprovechado otro par y evadido el dolor, el amor... Y todo lo demás también... Creo que el tema en cuestión ameritaba un párrafo solito... talvez mi tema favorito de todos los tiempos del gran Andrés.

¿Sentiste alguna vez lo que es tener el corazón roto? ¿sentiste a los asuntos pendientes volver hasta volverte muy loco? Si resulta que sí, sí podrás entender lo que me pasa a mí esta noche, ella no va a volver y la pena me empieza a crecer adentro. La moneda cayó por el lado de la soledad y el dolor... ¿para qué más? Aunque vale acotar que todo lo que termina, termina mal. Bueno, quedemos mejor en que me arde, me arde, es tarde para curarme... El rocanrol todo lo cura, todo lo puede, quien en él cree, será salvo... Pero, en serio, me arde, me duele todo el cuero. Aunque Andrés dijo que estaba habando con la hermana de una chica ecuatoriana, la chica colombiana también era una opción aplicable en mi caso... Era, clarito digo... Las guitarras me hacían gritar y yo cantaba y sacaba un montón de cosas con cada golpe de la batería, con cada movimiento de cabeza, con cada acorde distorsionado y el Comandante nos aseguraba que somos lo más bajo de la alta suciedad. No se puede confiar en nadie más... Estoy cansado de los que vienen de amigos y sólo quieren rellenarme el agujero (por ahora no les debo ni la hora). Estaba que me moría. A esas alturas, con todo lo vivido y lo muy poco bebido, necesitaba un descanso... descanso que vino a manera de tango, el tango que me cantabas cuando eras la profesora de tango ¿te acuerdas?.. Y aunque no quise el regreso, siempre se vuelve al primer amor... Después de eso, una revelación: mientras tenga la música de mi parte, no necesitaré drogas. Podría prescindir hasta del alcohol si escucho los temas precisos, como me pasó ayer mientras chateaba con ella. Lo más raro de todo es que me di cuenta de todo esto mientras te pedía que no me claves tus puñales por la espalda, tan profundo, no me duele no me hace mal. Y ahí llegó el primer final.

Aplausos, gritos, despedidas que sabíamos que no eran definitivas, y los ensordecedores "¡Oé, oé, oé, oé... Andrés, Andrés!" -mientras el Emo gritaba "¡Oé, oé, oé, oé... Flanders, Flanders!" y yo trataba de revivir después de todo lo saltado, chillado, cantado, sudado y todo-. Hasta que volvió el grande con su banda y, totalmente fuera de contexto, dejó a todo el mundo boquiabierto -incluida la familia a mi lado- cuando nos cantó y nos contó que en la vida hay amores que nunca pueden olvidarse. Le seguí la corriente acotando que he besado otras bocas buscando nuevas ansiedades... y otras y otras... Pero Andrés, ahora un hombre feliz, le dio la vuelta a la tortilla y dijo que sólo consiguen hacerme olvidar los tuyos... Y buéh... lo dice él, no yo... Era sólo parte del necesario receso, porque lo que se venía estaba por matarme, sobre todo porque quiero ser el único que te muerda la boca. Rocanrol con un poquito de rumba... Déjame que te cierre esta noche a los ojos, grité, sin saber nada, porque no tengo más intenciones de seguir bebiendo de esta copa que no está tan rota. A veces es bueno confesar lo que se siente, aunque sea en este medio que ninguna de ellas leerá, así que perfectamente puedo decirte que mientras te espero, por ti me muero y no quiero seguir así... Por eso mismo, lo de las confesiones, me atreví a gritarte que entonces, mi cielo, aquel caramelo que tienes, me lo como yo. Pero mi nena, estás tan buena que no me lo creo ni yo... Qué se le va a hacer si estoy con la sangre en la arena y es por ti. Tremenda dosis de rocanrol que me revelaba que el final estaba cerca, pero fue mejor así porque talvez no hubiera aguantado más. Cuando la guitarra empezó con el Do, el Sol, el la menor y lo demás, se me paralizó el corazón, se me erizó la piel, se me salieron las lágrimas... Recordé que, mi vida, fuimos a volar con un solo paracaídas, uno solo va a quedar volando a la deriva... Tantos años ya de aquella carta... Vivir así no es vivir, esperando y esperando, porque vivir es jugar y yo quiero seguir jugando... y lo peor es que no quise pagar la condena que tanto tiempo me costó. Quiero vivir dos veces para poder olvidarte, quiero llevarte conmigo y no voy a ninguna parte. Mis mejillas se mojaban mientras te gritaba que tu amor es mi enfermedad, soy un envase vacío. No podía más, el punto culminante de cualquier concierto, de cualquier artista, en cualquier lugar, en cualquier época de la historia de la humaidad. Y yo aquí, sabiendo que voy a vivir para repetir otra vez este momento... te bajaría del cielo, mujer, la luna hasta tu cama porque es muy poco de amor sólo una vez por semana. Ahhhhhh... debería transcribir toda la letra... Por favor, si el descupado lector no ha escuchado este tema, búsquelo en youtube, más que sea, y deléitese con él... yo ya no puedo más... perdí una de mis vidas justo ahí y valió la pena.

Y así se acabó. Aunque me quedé lleno de ganas de gritarte en la cara que yo no quise lastimarte, solamente te dije que no, de pedirte que no me pidas que no sangre si aún el cuchillo no sacaste de mí, de suplicarte crucificame, que me gané la cruz y los clavos, de contarte de algo así como haber cumplido una condena, algo así como una oportunidad, de callar tus gritos con un pasemos a otro tema, no quiero hablar de eso, la casa está vacía y fría, la ropa en el pasillo me da la razón... ella me abandonó... y mejor no sigo, no me puedo quejar de nada, para nada. Ahora que llegamos al final grito solito, otra vez, que si pudiera mataría por cinco minutos más... aunque me doy cuenta que, tras la caída del telón, empieza otro concierto... Será mejor así...

jueves, julio 03, 2008

¿Habrá pileta en Tokio?

Soy un tipo que ha perdido todo el amor del mundo. Pero no me importa ahora. Somos los campeones de América. Quisiera tener aquí a la mujer que amo y besarla interminablemente para festejar y levantar la copa con ella... pero, por primera vez en la vida, no me importa que ella no esté a mi lado... somos los campeones de América. Todas las mujeres que pusieron su amor -a veces hasta sus piernas- sobre mis hombros como una bestia inmensa, y luego me dejaron como si nada, no importan ahora. No importa ni su amor, ni su cobardía, ni sus ganas, ni su belleza, ni su odio final, ni las canciones, ni mi propio dolor. No importa. Nada importa. Somos los campeones de América. El amor es una maldición... Maldita sea la maldición que maldice mi maldita vida... Pero me vale... somos los campeones de América y no me voy a cansar de repetirlo ni de sentirlo dentro de mí.

Tengo que reconocer que, en el partido con Libertad aquí, había perdido la fe. Mitad del segundo tiempo y empatábamos a ceros. Luego apareció Urrutia... "Histórico" dirá el Javi... y tiene razón. El Santiago se fue a ese partido y me lo contó todo, como solo un fanático de menos de quince, vicioso de GP3 lo podría hacer. Histórico todo lo que pasó el día de hoy, como todas la piedras que intentaron meterse en nuestros zapatos para arruinarnos la fiesta, y que al final destrozamos. En el camino nos fuimos comiendo a Arsenal, Estudiantes, San Lorenzo, las águilas del América y al Fluminense. Vale aclarar que en la fase de grupos, a más de haber jugado con Arsenal y Fluminense, también enfrentamos a Libertad de Paraguay... salimos segundos del grupo, sin poder ganarle a los brasileños... Lo máximo que logramos fue un empate aquí. Luego, en la final, el Maracaná se rindió a nuestros piés... Ya era hora de que lo haga. Y eso que el mamerto de Baldasi -o como se escriba- le anuló un gol totalmente legítimo a Bieler faltando 2 minutos para que terminen los suplementarios... Nada pudo contra nosotros... Somos los campeones de América.

Ahora mi amada dormirá en los brazos de otro hombre -tan otro a estas alturas...- y yo guardaré el recuerdo de abrazarme con todo el mundo después del último penal tapado por Cevallos... me abrazaba con los ebrios, con un barcelonista, con el Búho y el Juanito, con una chica muy muy guapa... con todo el mundo. Si hasta me emocioné hasta las lágrimas, me quité la camiseta y grité como no lo había hecho hace tanto... Catarsis total, y con sólo 2 bielas hasta ese punto... parecía uno de esos conciertos que tanto amo.

Me acuerdo de los pénales tapados por Cevallos en el partido de Barcelona con los bolivianos del Cerro Poteño en la copa del 98. Por fin sirvieron de algo las tapadas de los 3 pénales... por fin... Tenía que ser en la Liga. También me acuerdo que el payaso de Kaviedes llegó al equpo a inicios de año y luego se largó. Qué bueno que se fue... si él hubiera seguido en el equipo, no lo hubiéramos logrado. Gracias por largarte. Ahora no juegas en ningún lado y te comes cemento porque hubiera sido tu primer título... Desde dentro del corazón -y pese a la emoción del gol contra Costa Rica- deseo que te pudras Kaviedes. Prefiero quedarme con el recuedo del último gol de la U contra Arsenal, de Obregón... Qué golazo, maldita sea... o las tapadas de Cevallos en la final, o el gol del Chucho contra el América, o el gol de Manso contra San Lorenzo aquí, o el llanto de Bauza al lograr el título... Perdón "Patón" si alguna vez quise que te fueras... eres el más grande.

Podría seguir y seguir divagando sobre la gloria y las cervezas que bebo donde el Búho, pero a veces las palabras no bastan. El excelente primer tiempo de la ida de la final, la excelente definición por pénales en el Maracaná... la mejor cerveza de la vida... la Copa Libertadores... el olvido de quienes me amaron y de aquellas a quien amé. Nada importa ya... somos los campeones de América y no me cansaré de repetirlo. Quisiera estar en la pileta de la Indoamérica, con la orina de los losers envidiosos del Quito y demás equipuchos ecuatorianos, bañándome de triunfo como ellos nunca lo harán... pero es casi tan bueno estar bebiendo con un amigo.

Y ahora que se venga el Manchester... ¿Habrá pileta en Tokio? Ojalá, porque allá sí me bañaré. Me acuerdo de aquella noticia futurista que decía que dos hinchas de la Liga morían congelados en una pileta de Tokio por festejar el título intercontinental de la U... Obviamente, éramos El Tipo y yo.

Nada importa ahorita... Somos los campeones de América.

jueves, marzo 20, 2008

La vida se cuenta en asientos de taxis

Hubo un tiempo en que tuve a alguien. Y ella me tuvo también. ¿Se dan cuenta qué perfecto puede llegar a ser todo en esta vida? Pero, como era de esperarse, no duró... nada dura lo que debe... Ha pasado más de un año y los recuerdos están todavía claros, como si hubiera sido ayer... pero algo es diferente. Debe ser por la certeza de que no se va a repetir, esa extraña sensación de no haber luchado un poco más por lograr todo lo que quería, el haberme dejado convencer y esa estúpida capacidad de aceptar la verdad. Ella puso su cabeza en mi hombro... ¿qué más podría pedir? Lo había deseado por tanto tiempo y un día, de la nada, sorpresivamente, pasó. Su aroma se quedó en mí, la suavidad de su piel, sus besos tan apasionados... todo era para mí. Diecinueve días después, sin habernos vuelto a ver, el sueño se acabó. Y me quedé sin su cabeza en mi hombro...


El tiempo me encontró después de lado a lado, saliendo con chicas, probando talentos en el desagradable pero irresistible juego de la seducción, ganado y perdiendo, robando besos y siendo asaltado por sorpresa. Los días se pasaron rápido y me fui llenando de recuerdos, sentimientos, ansias, desilusiones que me acostumbraron a la intensidad de las cosas vividas. Pésima idea adquirir esa pésima adicción, pésima idea no darse cuenta a tiempo, sobre todo cuando uno no es lo suficientemente fuerte como para aceptarlo. Y me vi visitando nuevos lugares, besando nuevas bocas, subiendo a los taxis y poniendo mi cabeza sobre el hombro de la dama que me acompañaba, siempre hermosa, siempre cautivadora, siempre la perfecta para causar alguna nueva herida. Y fuimos alucinando a los taxistas pervertidos que espiaban por el retrovisor para descubrir a la pareja que se comía a besos, que se desnudaba, que se tocaba... Cómo amaba esos viajes...

Y ahora, a veces medio ebrio, a veces medio dormido, subo a los taxis solo, sin ganas de hablar, queriendo que los viajes sean eternos para no llegar a ningún lugar, para poder ver la lluvia caer y sentirme perdido pero seguro, para poder pensar y recordar a placer el placer, el tiempo en que tuve a alguien para siempre o simplemente para darme cuenta lo bueno que era poner mi cabeza en un hombro extraño que pronto dejaría de serlo porque quedaría sin defensa ante mí.
¿Quién será la próxima? ¿Quién querrá arriesgarse? ¿Quién me enamorará? Tal vez seas tú, que lees esto ahora. Tal vez sea esa otra muchacha, desconocida y escondida que no sabe que me va a encontrar... Tal vez no me vuelva a pasar. ¿Será? Supongo que volverá a pasarme... Aunque nunca estoy preparado, no sería muy divertida la vida sin que pasen este tipo de cosas. No quisiera tener que extrañar el placer pero tampoco quisiera sentir el dolor...
Y todo esto es tu culpa...
Maldito Wong Kar Wai...

sábado, febrero 02, 2008

Nuevos teamos por teléfono

Fue a finales del año pasado. Iba en el auto con la Diana y el Marco y mi celular vibró. Contesté. "Te amo" dijo la voz de mujer. En ese tiempo una mujer me amaba y sé que no era ella quien llamó porque reconocería su voz, entre otras cosas. No tuve tiempo de decir nada porque me colgaron. Segundos más tarde, una nueva llamada. "Te amo". No me acuerdo si lo repitió muchas veces o sólo fue una. Tampoco me acuerdo si pude o no entablar una pseudo conversación. La cosa es que fueron como 5 llamadas en 5 minutos, siempre llenas de teamos. Yo preguntaba el nombre y ella respondía "te amo", le decía "no me conoces" y recibía otro "te amo", le decía que seguramente es número equivocado y, otra vez, "Te amo". Algún rato vino una seguidilla de unos diez teamos. La Diana me dijo que ya no le conteste o que le dé a ella mi teléfono para ver si le decían lo mismo... Pero después no volvieron a llamar y ahí terminó la cosa. Como siempre en estos casos, ya sean telefónicos, e-mailsísiticos o epistolares, me quedé pensando, imaginando a la chica, tratando de descubrir algo familiar en la voz. Y no volvió a llamar... hasta ayer.

Guardé el número del que me había llamado. Ayer, la típica vibración en el bolsillo derecho, a esas horas en las que las llamadas son o malas noticias o algo relacionado con la peligrosa suma de corazón más alcohol... si lo sabré yo... Bueno, la cosa es que no era el mismo número. Contesté sin saber lo que me esperaba, mientras salía de la salita de la casa del Pancho donde se llevaba a cabo una sesión musical. Otra vez el mismo "te amo" en la misma voz. Creo que le dije algo como "Otra vez tú" y algún rato ella me dijo "Te amo full ¿cachas?" al tiempo que yo me rompía la cabeza para tratar de reconocer la voz... Entre esa llamada y la siguiente descubrí que, al contrario de lo que pensaba, sí sabe mi nombre, aunque es ese nombre que una mujer hizo suyo y ahora me es más extraño que antes.

¿Y si fuera cierto que me ama? ¿Y si así es el amor para ella?... ¿Y si fuera María Susana Rivadeneira, me entregaría a lo que ella llama amor? Supongo que sí... en este punto y con ella... ¿Y si tuviera lentes? Lo único que sé es que me encanta su tono de voz, su forma de decirlo. Tal vez no vuelva a llamar, tal vez se le pase rápido como a las otras.