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lunes, diciembre 14, 2009

Orgasmo global...

Una vez, hace unos 5 ó 10 años, no sé, soñé que había una alineación planetaria o algo así, que consistía en que todos los planetas se acercaban bastante a la Tierra. Entonces yo salía a ver el firmamento por la noche y se le veía todo lleno de astros, como en las películas hollywoodenses de ciencia-ficción. Ahí estaba claramente Júpiter, había muchísimas estrellas, se veían galaxias a lo lejos -que, encima más, giraban lentamente como estación espacial en película de Kubrick-, la Luna inmensa, Marte, Saturno con sus anillos. Era algo espectacular y, en cierta forma, maligno. Ese tipo de belleza cósmica ocasionaba la histeria general porque mucha gente creía que se acabaría el mundo... Después de ese sueño se me metió en la cabeza la pregunta de si habría alguna vez algún fenómeno natural, algún acontecimiento cualquiera que sea capaz de ocasionar la locura con solo mirarlo o con el solo hecho de que exista o suceda. La gente corriendo, enloquecida, no sé si para bien o para mal. Pero no debería ser una locura ocasionada por el terror de un apocalípsis, sino otra cosa, algo menos sombrío... Algo como lo que dice el tipo en el suelo en el video de Just de Radiohead...

Y ahora me entero de esto: el orgasmo global. Bueno, debo aclarar que no me enteré ahora. El año pasado una amiga me contó de la versión 2008 -ha habido desde el 2006- y francamente me parece que no dio resultado... La fecha y hora coincidieron con la final del Mundial de Clubes en Japón -21 de diciembre, como este año- y me la pasé pegado al televisor, comiéndome las uñas y sufriendo. No sentí ninguna buena energía universal ni nada porque perdimos -maldito Ebrá, maldito Van der Sar, maldito Wayne Rooney-. Si bien me di cuenta que lo único que nos mantiene un peldaño abajo del Manchester United es un montón de millones de dólares y un golsito, no recibí vibraciones positivas de todos los orgasmos de los que la gente alrededor del mundo disfrutaba mientras yo sufría... Y, ciertamente, los jugadores albos tampoco.

Pero bueno, ya me estoy desviando del tema. En su página web, Anela y Steve Schweitzer -la pareja que ideó todo esto- plantean que la energía generada por el orgasmo, dedicada concientemente a la Paz (y a la justicia social y de género y al calentamiento global...), puede afectar positivamente un cambio en el campo de energía de la Tierra. Según ellos, las altas concentraciones de energía orgásmica, sumadas a la visualización positiva, pueden ayudar a reducir los niveles globales de violencia, odio y miedo... Suena relativamente coherente y hasta sencillo pero... ¿se puede? Es como el sueño que tuve ¿existe tal cosa capaz de hacer enloquecer masiva e instantáneamente a la gente? Eso de estar pensando en la paz del mundo mientras se busca una de esas pequeñas muertes me parece un turn-off... pero bueno, quienes vayan a hacerlo me contarán después cómo les fue.

La fecha propuesta es el lunes 21 de diciembre de 2009, a las 17h47 GMT (12h47 hora de Quito). Lo bueno es que dan chance de que no sea sólo a esa hora, aunque la idea inicial era que todos los orgasmos explotaran al unísono... ahora le dan a uno la oportunidad de hacerlo en las 24 horas que le siguen a la hora señalada. Supongo que, a más orgasmos durante ese lapso, más paz en el mundo, menos calentamiento global y más justicia para todos... Es una buena excusa... Cuéntensela a sus amigos...

martes, diciembre 08, 2009

¿Quién es Franklin Ramírez?

Este es un post que quería escribir desde hace mucho. Hoy, justo hoy, amerita más que nunca porque pude por fin confirmar de quién se trata. La primera vez que escuché su nombre fue de boca de mi hermano, cuando me relató lo que le había dicho un amigo suyo. Era la época del colegio y habíamos ido a algún lugar -no me acuerdo si era una fiesta, una peña, algún tipo de evento deportivo, un concierto, una kermesse (seguramente el Emo sí se acuerda)...- y el Villegas le preguntó "¿Viniste con el Franklin Ramírez?" a lo que el Emo respondió "estoy con mi hermano". Con un poco de asombro el Villegas preguntó "¿Tu hermano es el Franklin Ramírez?" Nunca entendí por qué le dijo eso si sí me conocía, o al menos eso creo. De ley me había visto en los patios del colegio. Después bromeábamos con eso y por eso mismo nunca se me olvidó el nombre. Pero bueno, un hecho aislado... hasta que un día...

Un tipo en una peña se me acercó y me dijo "Qué más, Franklin". Se cortó un poco al ver la extrañeza en mi cara porque, ovbiamente, yo no era Franklin Ramírez. El momento fue más incomodo para él que para mí, aunque igual me dejó intrigado sobre esta persona con la que me confundían. La mayor demostración de nuestro parecido llegó una noche en el Fridays -cuando iba a sitiesuchos como ese-. Un tipo al que creo que sí conocía -prosopagnosia mediante- pasaba junto a mí y se detuvo en seco para saludarme muy efusivamente. Bueno, no fue tanto así, porque a quien saludaba realmente, según él, era a Franklin Ramírez. Un poco más y me abraza pensando que era otra persona. Yo lo saludé al comienzo porque creo que lo conocía, pero tuve que decirle que se había equivocado. "¿No eres el Franklin Ramírez?" me preguntó, a lo que respondí que no. "No, loco, sí eres el Franklin Ramírez", me dijo, y no pude esconder mi sonrisa pues yo he de saber quién soy. Tuve que convencerle que en realidad no soy esa persona...

Durante los años hubo más alusiones al tal Franklin Ramírez y yo le contaba la historia a amigos que, casualmente, también lo conocían y coincidían en que sí nos parecemos. Una vez, en el Festival, hojeando un periódico, llegué a los obituarios y leí su nombre en uno. Había muerto Franklin Ramírez. Le conté la historia a la Cris, sentada atrás de mí. Ella conoce a todo el mundo y me tranquilizó diciendo que no ha de ser ese el Franklin Ramírez que murió porque, viéndome bien, sí me parezco un poco al verdadero Franklin Ramírez... Otro día, un poco después de eso, en el Ocho y Medio, el Viqui -que también sabía la historia- me señaló a un tipo que pasaba por ahí y me dijo "Él es el Franklin Ramírez". La Cris lo corroboró. Lo vi y, francamente, no le noté así mucho parecido que digamos, pero era una cara familiar, talvez de la U o talvez nos movíamos por el mismo círculo, lugares parecidos. Por algún motivo no confié demasiado en lo que me dijeron... hasta hoy.

Entre un poco de goles de la Champions, el Emo le daba a su habitual zapping sin detenerse en los canales que a mí realmente me interesaban. Pasó por el canal del Estado un segundo y luego pasó al siguiente, pero fue suficiente para verlo aunque, la verdad, nunca llegué a estar seguro de que fuera él porque su cara no se me había grabado tanto como su nombre... además que no le noté mucho el parecido. Le pedí que regrese de canal porque ahí estaba Franklin Ramírez. En una entrevista con Xavier Lasso, estaba hablando de algo a lo que no le puse nada de atención, sólo estaba esperando que salga su nombre en el generador de caracteres. No fue necesario. El mismo conductor del programa dijo su nombre y ya, bastó para asegurarme.

Ahora me pregunto ¿será que a él le confunden conmigo? ¿Se le habrá acercado alguna vez una de esas personas con las que me he llevado en determinado momento y le habrá dicho algún "Hola Alejo"? ¿Alguno de mis amigos, al verlo de lejos, habrá pensado que soy yo aunque se haya dado cuenta que no al tenerlo más cerca? ¿Alguna de esas cartas románticas anónimas que me llegaron por cortas temporadas habrá terminado en sus manos gracias a nuestro parecido?

Parece, me parezco a mucha gente. Desde Charly García o Fito Páez, pasando por Franklin Ramírez, hasta el hermano de muchas chicas que conozco. Pero no, no es así. Son ellos los que se parecen a mí... Yo soy el original.



I give you the real Franklin Ramírez... ¿En verdad nos parecemos tanto?

lunes, noviembre 30, 2009

A lo Alejo

Mis planes siguen, un poco más lentamente de lo que me imaginaba, pero ahí voy, avanzo de vez en cuando y encuentro cosas que no tenía idea que podía encontrar... y no tiene mucho que ver con la música, es más bien conmigo mismo. Tratando de dilucidar cómo quiero que suene mi música, termino enredándome en un qué-mismo-quiero. Dadas las limitantes técnicas -no sólo de equipos (y eso que ya quisieran otros tener los equipos que yo tengo a la mano) sino de inutilidad al momento de utilizarlos- decidí portarme consecuente con mi situación y no intentar hacer nada muy elaborado. Cero producción, totalmente casera, casi improvisada, sin muchas tomas para cada cosa y sin buscar la exquisitez. Más bien se me antoja un sonido sucio, pero bajito, algo medio acústico pero con ruidos, bien lo-fi... que sea hecho "a lo yo".

Así renuncié a hacer un disco de rocanrol, como era mi intención inicial y no desechada para después. Ya con mayores y mejores posibilidades lo haré, pero ahora no es el momento. Me costó un poco aceptarlo porque quise hacer lo que quería hacer y ahora voy a hacer otra cosa. Lo bueno es que a esta otra cosa también la quiero hacer. Será por la influencia de lo que escucho, por cómo suena mi guitarra, por la bulla que entra por la ventana... puedo tomar el desvío por este otro camino y, sobre todo, decir las cosas que quiero decir. Pero aquí aparece otro problema... ¿qué demonios quiero decir? El no saber algo tan básico me significó otro traspié pero, a la vez, me ayudó a determinar y a no olvidar -yo, el amigo del olvido, hablando de estas sandeces- detalles del pasado... detalles que ahora pueden jugar para mí.

Como mi visión y mi formación hacen que entienda un disco como un elemento con unidad temática, debía mantenerme fiel a mis principios y no conformarme con meter un grupo de canciones que no tengan nada que ver unas con otras... creo que hay demasiados discos así como para lanzar una piedra más al río de las bazofias musicales... Otra vez, con la influencia de lo que me gusta y escucho y busco y veo -y siento y recuerdo-, dije ¿por qué no intentar uno de esos break-up records? Gran idea, un break-up record, pero "a lo yo". Sé a quién quiero y no me sirve de mucho, cargo sobre mis hombros rompimientos y fracasos. Lo más inteligente que puedo hacer es utilizar, por una maldita vez, todos esos tiempos oscuros y tempestuosos a mi favor. Incluso me puse a desenterrar viejos papeles y rescaté dos canciones que dizque escribí hace muchos años y que encajan perfectamente para esto. Uno de esos es el bonus track... el afamado Muñequito de plastilina.

Bueno, y ahora ¿qué?...

lunes, noviembre 23, 2009

Vos sos Dios... vos sos lo más

No importa cómo, no importa cuándo... Charly García es Charly García y sólo él es Charly García. Así esté vestido impecablemente, con los ojos pintados, revolcándose ebrio, lanzándose desde el noveno piso a la piscina, destrozando los amplificadores, demoliendo hoteles, casi inmóvil frente al piano, pateando fans o recibiendo un Grammy, tiene tanto para dar con esa genialidad que le desborda, que me obliga a preguntarme hasta dónde podrá llegar... hasta dónde la podra aguantar el mismo García.

Fui a su concierto el sábado (21 de noviembre de 2009, en el coliseo General Rumñahui de Quito). Es la tercera vez que lo veo ahí, en el escenario, repitiéndome las cosas que me ha dicho toda la vida desde sus discos. Es algo que había dado por perdido... No esperaba volver a verlo, al menos no aquí. Pensaba que talvez en algún hipotético -y poco probable- viaje a la Argentina podría verlo tocar otra vez en algún bar, en alguna disco, en una plaza... en cualquier lado...

Ahora, con la emoción cercana de haber asistido a un concierto tan brutal como el del sábado, aprovecho y ruego por un poco de inspiración para poder hablar un poquito de todas las veces que vino para acá, cuando lo vi y cuando no lo vi, cuando cantó y cuando no, cuando era muy joven y cuando ya era la máxima estrella de rock del continente. Mucho Charly García.


Y después... Say no more...


1986, La Chorrera

No puedo hablar mucho de esto porque esa vez no lo fui a ver. Debo aceptar que ni siquiera me enteré que venía -además que en ese tiempo, mi fuerte eran los boleros, los tangos y todo lo que tocara la Sonora Matancera-. He escuchado cosas de ese día, como que algún imbécil del público le lanzó un botellazo, según dicen porque sólo toco un tema de Sui Generis cuando los típicos sonzos de la radio promocionaban el evento casi como si fuera un concierto de Sui Generis... (ya sabemos lo buenos que pueden ser los botellazos contra los artistas, como el latazo de cerveza que le lanzaron a Bunbury cuando vino Héroes del Silencio. Según los asistentes, dejó enfurecido el escenario mientras la banda seguía tocando... y cuando regresó, cantó con una fuerza y una potencia que no tenía antes del lanzamiento). Pero bueno, según mis investigaciones, algunos de los temas que tocó esa noche fueron: No soy un extraño, El rap de las hormigas, Promesas sobre el bidet, Buscando un símbolo de paz, una gran versión de ¿No te sobra una moneda?, No me dejan salir, Viernes 3 a.m., Rasguña las piedras, Adela en el carrusel y Filosofía barata y zapatos de goma.


2002, Ágora de la Casa de la Cultura Ecuatoriana

El 13 de abril de 2002 quedará grabado en el recuerdo de los amantes del rock como uno de los más puros conciertos que haya habido en el Ecuador, si no el más puro. Un García 7 años más joven que ahora, con 7 años menos de drogas y alcohol y 7 años más de voz anunció su presencia en el Ecuador y los fans empezamos a contar los días y las horas para la llegada del show. Me acuerdo que fui a hacer cola con el Emo desde la una de la tarde y ya había gente. Hubo muchísima gente... ese día pudieron haberlo hecho en el Coliseo y les hubiera ido rematadamente bien. La policía llegó como a las 4 de la tarde y ya no pudieron hacer nada por controlar a la multitud que estaba pegada contra las puertas. Ese fue realmente un concierto de Charly García: empezó con mucho retraso, la gente estaba ebria desde la cola mismo, había una cama en el escenario -afortunada la persona dueña de esa cama-... Charly apareció vestido a lo Sherlock Holmes, hasta con pipa, saltando en un pie como Angus Young, entonando Cerca de la revolución ante la locura general.

Iba bien, pero en cierto momento del recital todo falló... Se fundió una fase del Ágora y todo se calló, nada funcionaba, nadie entendía nada. García le hizo gestos a la gente para que se callara y gritó a todo pulmón que había un pequeño problema técnico y que "los técnicos ecuatorianos van a arreglar todo". Después de un rato volvió a salir con algo del sonido arreglado y les dijo a los técnicos que no conecten nada porque iba a tocar sólo con el teclado, así que se fue a la cama con dos teclados, uno grande y otro que parecía de juguete, y tocó un De mí que ya provocó morirse... Después, ante el placer generalizado, tocó Tribulaciones, lamento y ocaso de un tonto rey imaginario, o no, de Sui Generis. Pero a los tales técnicos se les ocurrió conectar los equipos y casi nos dejan sordos a todos, víctimas de un feedback asesino. Obviamente el pobre García también sintió el embate del ruido, lanzó el teclado y se largó. Y así, entre interrupciones técnicas, fallas de sonido y las típicas idas y venidas de un Charly García cada vez más amortiguado y tambaleante, pero completamente inspirado, el concierto se extendió por más de tres horas. Para el final, mucha gente se había ido ya, los músicos demostraban de qué se trata el aguante a Charly -María Gabriela Epúmer entre ellos (te amamoooooos)- y nosotros estábamos exhaustos.

Lástima que mi memoria sea tan mala... recuerdo que disfruté tanto, pero no me acuerdo qué tocó. Haciendo un esfuerzo terrible puedo mencionar, a más de los temas que ya dije, estos otros: Rezo por vos, la hasta entonces no publicada Influencia (si no me equivoco, la tocó dos veces), Encuentro con el diablo, Pasajera en trance, Yendo de la cama al living, Nos siguen pegando abajo, Demoliendo hoteles... y uno de los mejores momentos de toda mi vida: los Engendros abrazados mientras García interpretaba Confesiones de invierno, coreándola a todo pulmón con lágrimas de emoción en los ojos.


2002, Coliseo General Rumiñahui

Ese 27 de diciembre de 2002 se guardará por siempre como otra de esas fechas llenas de rocanrol y con una demostración de todo lo que puede llegar a ser Charly García. Bueno, hay que empezar por el principio: cuando me enteré de la noticia casi hasta me muero. Ya había cumplido mi sueño de ver a García en vivo meses atrás, y de repente vienen y me cuentan que iba a tocar otra vez en Quito, el mismo año, y encima más acompañado de Fito Páez y Gustavo Cerati. Parecía que los dioses estaban de mi lado. Ya el día del concierto, los preparativos comenzaron temprano. Fue una jornada maratónica que arrancó con una larga cola afuera del coliseo. Ya adentro, los primeros en tocar fueron los Krucks, bastante bien recibidos por un público que, obviamente, no fue a verlos a ellos... Después fue el turno de Aterciopelados. Tengo que decir que su show me gustó menos que el de los Krucks. Si no hubiera sido porque estaban dentro del cartel, nunca los hubiera escuchado en vivo. Es más, hasta antes de ese día, creo que sólo había escuchado una canción completa de Aterciopelados... Pero bueno, cantaron, mucha gente les aplaudió, corearon y bailaron sus canciones y ya, se fueron. Era el turno de Cerati.

A Gustavo lo había visto ya en el 2000, cuando vino trayendo su gira del Bocanada. Esta vez fue tan buena como la vez pasada, aunque igual mucha gente después se quejó que su parte no estuvo muy buena porque no tocó nada de Soda (igual que en el concierto de García del 86, la radio lo promocionaba como si fuera a tocar solo temas de Soda). Zopencos. Primero, el show fue buenísimo, con el grado justo de electrónica dentro de su pop no bastardeado. Segundo, tocó El rito y Final caja negra... ya no es culpa que no hayan sabido canciones de Soda. La presencia de Cerati en el escenario provoca morirse... y provoca el doble cuando toca y canta. Sería más o menos hora y media de su show y le dio paso a Páez. Qué buen concierto fue ese -no tan bueno como el de la Casa de la Cultura unos meses antes, pero igual, algo espectacular-. Me acuerdo cómo salté, cómo canté, cómo sudé, cómo casi me muero cuando terminó porque estaba completamente exhausto. También me acuerdo que fue la primera vez que escuché Volver a mí, "un tema nuevo" que luego aparecería en el Naturaleza sangre... provocó morirse más aún.

Y después, Charly García... Algún tipo de maldición parecía perseguir al pobre Charly. Hasta el final de la presentación de Páez, el sonido era relativamente bueno -dentro de lo bueno que puede ser en ese coliseo-, pero salió García a escena y algo cambió. Me acuerdo que estaba casi desmayado y él apareció. Salté como impulsado por unos resortes y me dispuse a gozar del mejor compositor de canciones en lengua española, pero no pude hacerlo porque a mis oídos llegaban sólo ruidos, una sombra de El amor espera. García, vestido con una bata de cama roja, pintado la cara como una dama, con unos audífonos gigantes sobre su cabeza, cargando además la maldición del oído absoluto, no soportó la pésima calidad de los equipos ni la apatía de la gente que no tenía idea qué diablos estaría cantando. El show duró talvez dos canciones y media. Para ese momento García ya había empezado a terminar con todos los amplificadores que se le ponían por delante, pateando los equipos y desquitándose con el teclado. Fuimos afortunados, después de todo: pudimos ver a Charly García en su estado animal, adjetivado con una de esas lindas palabras que hay en inglés, como unleashed o berserk. De nada sirvieron los esfuerzos de Páez por probar el sonido y arreglar las fallas. La gente ya estaba enfurecida con García, lanzaba frascos de colirio y shampoo al escenario. Hubo hasta un tipo que se subió a la batería y tocó unos segundos, antes que uno de los rodies intentara sacarlo a golpes. Lo demás es bien conocido. El pobre Charly pasó la noche en cana y nos quedamos con ganas de escucharlo más.

Mucha gente no disfrutó de los conciertos de García en el 2002 en Quito. Es que no entedieron cómo es Charly García ni cómo son sus conciertos... no entendieron nada. Quien esperaba vivir algo parecido a algún concierto de otro artista, no tenía idea de lo que le esperaba ni sabía quién es Charly García realmente.



2009, Coliseo General Rumiñahui

Después de haber perdido las esperanzas de que Charly quiera volver al Ecuador, y después de acompañarlo a la distancia en la recuperación de su último colapso, el Emo me contó que se anunciaba un concierto suyo aquí. Yo acababa de regresar del no-concierto de Bunbury en Sígsig -púdranse, malditos miembros del Club Saltamontes- y entré a investigar en el internet. Si la Rolling Stone lo decía, yo les creía. Otra vez, la oportunidad de verlo en persona, tocando para mí. El concierto fue el sábado pasado (21 de noviembre) y obviamente asistí. No hubo tanta gente, fue mal escogido el lugar. El Ágora hubiera estado mucho mejor pero Raphael estaba cantando ahí... Un poco más de la mitad de las localidades vendidas -hubo una en cancha en la que estaban unas 10 personas... pésima organización- pero bueno, empezó. Lo que diferenció a este concierto de los anteriores fue la presencia de los fans identificados, con camisetas, brazaletes say no more, banderas, y algo en el ambiente. La mayoría de la gente sabía que veríamos a un Charly recuperado, pero que esa misma recuperación le impediría ser el mismo de los conciertos pasados. Entonces se sentía una suerte de confabulación pro Charly, estábamos dispuestos a perdonarle sus fallas y a no exigirle sino hasta su propio límite. La gente cantaba sus canciones desde antes de empezar, se moría de ganas de verle y, si era posible, de abrazarle, darle ánimos, hacer sentir a su ídolo que llegará a recuperarse del todo y que todos estamos con él. Claro que también había los típicos noveleros y estábamos quienes fuimos a disfrutar de mucho rock.

El concierto empezó con un Charly muy en sus cabales, centrado, con poca voz pero con más voz que antes de entrar en recuperación, con muchas libras de más y con una banda realmente poderosa: el negro García López en la guitarra, el Zorrito Von Quintiero en los teclados, Kiuge Hayashida en la otra guitarra, Carlos González en el bajo, el baterista Toño Silva Peña (los 3 últimos parte de The Prostitution) y los coros imprescindibles de Hilda Lizarazu. El piano de cola fue habitado por el propio García, quien no tocó ninguna guitarra y más bien cantó sin instrumento, bailando y moviéndose por el escenario en algunas canciones. Si bien se le veía un poco robótico a ratos, tratando de acostumbrarse a la gran barriga que le acompaña ahora, no ha perdido esa presencia de antaño. Más o menos como George Foreman en sus últimas peleas. Lo que sí le faltó fue más comunicación con la gente, como la que tuvo la primera vez que lo vi. Ahora como que se limita a cantar, habla poco pero dice mucho... con ese gusto que siente de estar aquí, libre. además que sus canciones me han dicho todo desde hace muchos años.

Podría decir muuuuchas cosas más del concierto, pero creo que ya he escrito demasiado en este post y nadie lo va a leer si continuo. Me limitaré a decir que sigo adolorido y ronco después de todo lo que salté, canté y grité. Disfruté tanto... amo el rocanrol...


El set-list:
01. El amor espera
02. Rap del exilio
03. No soy un extraño
04. Cerca de la revolución
05. Chipi-Chipi
06. Fanky
07. No te animás a despegar (Vía muerta)
08. Demoliendo hoteles
09. Promesas sobre el bidet
10. Adela en el carrousel
11. Rezo por vos
12. Yendo de la cama al living
13. Canción de 2 x 3
14. Nos siguen pegando abajo (pecado mortal)
15. Influencia
16. Llorando en el espejo
17. Pasajera en trance
18. Raros peinados nuevos
19. Me siento mucho mejor
20. Tu vicio
21. Buscando un símbolo de paz
22. (Estoy verde) No me dejan salir
23. No voy en tren
---
24. Deberías saber por qué
25. Hablando a tu corazón
---
26. Rock and roll Yo

Al final, en la lista de temas que tenían los músicos, había cuatro canciones más: No toquen, No se va a llamar amor, Los dinosaurios e Inconciente colectivo. Pero García ya estaba fundido. Cuando salió para el último bis, en Rock and roll Yo, prometió que sería la última porque no podía más. No importa, sé que nos dio todo lo que podía darnos esa noche. Sus 58 años a cuestas son bastantes para alguien que ha tenido una vida tan ajetreada. Sin embargo me sigue pareciendo que si alguien le da un poco de alcohol o un porrito, logrará que se transforme en la máquina de rocanrol que fue hasta hace unos años. Después de todo, fue él quien inventó la profesión de ser una estrella de rock.

miércoles, noviembre 11, 2009

Dejarlas partir

Como entrar al camerino después del partido final, con la tristeza incontenible en el alma, con la camiseta de algún contrario en la mano, con una medalla de perdedor en el cuello y con demasiados goles en contra. No podía faltar la comparación futbolística porque vivir es jugar y yo quiero seguir jugando... Es justo en ese maldito momento en que uno se da cuenta que el trabajo de toda la temporada se fue a la basura, todos los goles, todas las ilusiones, todo el sufrimiento, las remontadas, los instantes de gloria, los empates al último minuto, los pénales detenidos. El partido más importante es la final, justo el partido que se perdió... que lo digan los tipos del equipo que perdió el Super Bowl el año pasado -no me acuerdo quiénes eran, sólo sé que perdieron contra el equipo de Manning-. Ser segundo no está mal, es el subcampeón, el segundo mejor... el primero de los perdedores. Y es también en ese maldito momento, el mismo maldito momento, que uno se da cuenta que, para estar en la final en la próxima temporada, habrá que mejorar el trabajo de ésta... y para eso falta todo un año en el que talvez la suerte no nos acompañe o quién sabe si una lesión nos dejará afuera o un mal árbitro. Es el momento ideal para perder las ganas de vivir porque volver a empezar es tan difícil como volver a perder.

La alegoría futbolística funciona a la perfección para la vida, porque la sensación es igual cuando se pierde un amor o una de esas ilusiones. A la mañana siguiente te despiertas sin ganas de levantarte, con los ojos rojos y con tal sed que podrías tomarte todos los bares que se te crucen ... y no se te quitaría la sed. Me ha pasado muchas veces y, aunque trato de aprender técnicas de defensa, siempre me encuentran descubierto en algún punto... y ya saben, ahí viene lo de ya me han contado hasta ocho... Después de tranquilizarse un poco, uno suele enfrentar esa montaña que hay que subir, justo cuando nos han robado la silla de ruedas... y lo peor de todo es que esa montaña es tu propio Gólgota. Obviamente, no hay forma de hacerlo. Uno se siente la cosa más insignificante del mundo.

Generalmente sólo hay dos formas de poder seguir. La una es dejar que el tiempo pase -aunque bien dice la canción que el tiempo no cura nada, el tiempo no es un doctor y que sólo te sana lo que no importa ya-, pero eso suele tomar demasiado porque nadie puede adelantar siquiera un segundo para acortar la agonía. La otra forma es el viejo y conocido clavo que saca a otro clavo, listo para mitigar el dolor del afectado a punta de besos, caricias y demás, con ese poder que tienen las elegidas de instalarse como un tumor inoperable dentro de tu cabeza, distrayéndonos y abstrayéndonos mientras el otro clavo lentamente empieza a aflojarse, el dolor parece menguar y hasta ella parece darse cuenta y propiciar el comienzo de la sanación. Claro que hay que tener suerte. Dos veces suerte. La primera para encontrar al mágico clavo. La segunda para no toparse al otro clavo inesperadamente y con el escudo desactivado. Pero lo más importante es no intentar atarse al sentimiento. Hay que dejarlas partir... eso es lo más complicado que hay que aprender. Todos los clavos salvadores del mundo entero pueden cruzarse en nuestro camino que si no queremos liberarnos y liberarlas a ellas, no lo lograremos y nos arrastraremos un buen tramo de la vida. Después de miles de intentos lo he entendido... ahora veamos si se puede poner en práctica.

Así que no hay que preocuparse por el niño de la foto. Tendrá salvación. Por nada del mundo quiero que sufra, porque es el André, pero ojalá se encuentre con muchos clavos en su camino, que sea un camino largo y, sobre todo, que le vaya mejor que a mí. Sé que algún rato encontrará a alguna mujer que le rompa el corazón. Aunque es algo terrible e insoportable, no imagino la vida sin eso. Pero algo me dice que él será quien rompa los corazones. Está bien, algún rato alguno de nosotros tenía que ganar...

Y la niña...
Ella estará bien, se los aseguro. Alguna vez será el un clavo, alguna vez será el otro clavo. Ellas siempre están bien.

jueves, noviembre 05, 2009

Prefiero cantar rocanrol donde conviene estar callado

(Concierto de Enrique Bunbury en Quito, Ecuador, parte de la gira Hellville de Tour, jueves 8 de octubre de 2009, Ágora de la Casa de la Cultura Ecuatoriana, 21h00... y el no-concierto de Bunbury en el estadio municipal de Sígsig el sábado 10 de octubre de 2009)

Pensaba escribir un post como el de los conciertos anteriores (Sabina, Soda, Calamaro -no el de Roger Hodgson-) cuando tenía todavía los tímpanos vibrando por el volumen de las guitarras, pero no me sentí muy a tono para hacerlo. Quisie esperar un poco hasta sentir que ya era el momento, pero nunca lo sentí, así que, para no dejar que el tiempo siga pasando, me pongo frente a la compu y me pongo a escribir, sin sentirme a tono... porque talvez nunca lo esté con ésto. Bastaría decir que fue uno de los mejores conciertos de la vida. Toda la excelente pretemporada, el amor por las nuevas canciones, la avidez de encontrar los setlists de los conciertos pasados, la emoción de la espera... hasta que ya estás ahí, se apagan las luces y todo va a empezar. Aparece un video en las pantallas mientras suena A plateful brain, de los Messer Chups. Los músicos van tomando ubicación, la gente grita y empiezan la batería con el bajo, se unen los otros instrumentos y el ya mítico "¡Buenas noches, cabrones!" se deja escuchar. Es Bunbury que está listo para regalarnos dos horas del mejor rocanrol... Ya sabes, si quieres cometer un par de errores nuevos, pregúntale a la banda local, o a su banda. El público un delirio, la música sigue y me has llamado cobarde por no estamparte un beso en la boca... de un lado el infierno, del otro el cielo... No puedo poner en palabras todo, así que mejor me dedico a robarle a Bunbury las palabras...

Después de ese gran arranque, todo el mundo se da cuenta que no hay muy poca gente. El Ágora está repleta y nos defendemos mejor en el cara a cara, en el cuerpo a cuerpo y tiempo al tiempo... Enrique se toma muy poco tiempo entre canciones, es una máquina, un show, carga su guitarra y dale. Sólo me espera quien no me conoce, busco a tientas el próximo refugio y ya no creo en los anuncios de felicidad... En realidad prefiero que sean los demás los que se diviertan y se lo pasen bien. Regresamos un poco en el tiempo, seguro que sólo quería demostrar esta inseguridad que me devora... Aquí, ahora, de nuevo, otra vez he vuelto a sobrepasar el límite que pude soportar, de ésta no salgo vivo. Seguimos con el Hellville de Luxe y ¿qué vam
piro de los que me habitan sacaría hoy a alimentar? Todos tenemos algo que esconder... O no. Todos tenemos algo que decir... O no. Hay que verle... baila, tiene al mundo en la palma de la mano, nos tiene a nosotros. Y tiene la mejor voz que he escuchado en la vida. No es suficiente con cantar entonado, hay que sentir cada palabra, cada nota, y él lo sabe, él nos lo hace entender. Pensaba que lo sabía, pero no es hasta ese momento que puedo gritar ¡sácame de aquí! Hubo un momento en que pudimos decir que no, que lo sentimos... nos debimos confundir...

De repente una sorpresa. No me esperé que toda la gente se pusiera eufórica con este tema que nunca fue un hit para mí, pero bueno, no ando buscando grandeza, sólo esta tristeza quisiera curar... Y otra sorpresa, la mejor de la vida, un tema que no estaba en los setlists anteriores y que sí es un hitazo para mí aunque no la quisieras ni ella a ti... últimamente voy (sic.) muy ligero sin la chica triste que me (sic.) hacía reír. Para quienes fueron a recordar a Héroes, les llegó el momento, pero yo no fui para eso porque siempre he preferido un beso prolongado aunque sepa que miente, aunque sepa que es falso. ¿Qué demonios ocurre cuando miradas no se encuentran? Recodamos luego a Alicia (no a esa Alicia... a esa otra tampoco, sino a la que te dice que te quiere cuando ya te ha abandonado). Y bueno, me calste hondo y ahora me dueles... decían qué bonito era vernos pasear ¿qué se le va a hacer?



El intermedio llegó. Otro video, esta vez plagado de frases de películas de terror tipo B de los 50, una voz que nos grita ¡No tenéis que ir al infierno porque estáis en él. Éste es el infierno!. No hacía falta que me lo recuerde... Y la banda sale otra vez, como un huracán, como el Brasil del 70, destructora y demoledora y empieza a tocar mi tema. Después de todo soy un explorador solitaro que perdió la brújula y el mapa... mis deseos no son ya sino nidos abandonados... Enrique nos demuestra que el cantante se siente como en su casa en cualquier escenario de la ciudad. Y bueno, todo valió un zarpazo al corazón... y aunque sea sólo un gesto, un guiño, sólo un beso, inténtalo una vez, aunque sea de una forma distinta a la que siempre hayamos querido. Una de las más esperadas fue la que siguió. Decidí, por eso mismo, mecanismo de defensa, presa como está mi alma, con la calma suficiente, ser más fuerte y enfrentarme cuanto antes a la verdad... Qué sueño cumplido escuchar este puñado de canciones en vivo, cantadas por la misma voz que me habla desde los discos, desde el inconsciente, desde la verdad incomprensible de esto en lo que se ha convertido mi vida. Y después, siempre hablándonos entre canciones, siempre tocándonos el alma, vino el obligado homenaje a Mauricio Aznar y la gente que no dejó de gozar ni un momento. Sé que ya nada va a ocurrir pero ahora estoy contra las cuerdas... Ya no puedo darte el corazón, perdí mi apuesta por el rocanrol. Y, para cerrar la primera parte, hoy voy a empezar, hoy es el comienzo del final... La soledad es un lugar tan vacío sin ti. Y se despidió, presentó a Álvaro Suite, Jordi Mena, Robert Castellanos, Jorge Rebenaque y Ramón Gacías y se fue por un rato...

Pero volvió, porque quien encontró el amor no lo buscaba tanto... porque la ruina trajo consigo y de la mano a las musas... y porque me dejo querer por ti (sí, claro...) Ya para qué la vida... Pensaba que no podía mejorar pero mejoró, pese a que la gente no le dejó hablar (malditos, me quedé con ganas de saber qué iría a decir de Nacho). Del segundo mejor disco de toda mi vida sacó uno de los temas imprescindibles. No fue bueno pero fue lo mejor y todo, o casi todo, salió de otra manera porque yo también me preparé para el olvido. Y al final... uno de los más hermosos valses. Permite que te dedique la última línea... así nos podemos quedar toda la vida, así, si me dejas, no te dejaré de querer. Y se volvió a ir y volvió a salir, siempre con vestimenta distinta, con guitarra afinada, con un público que ya no podía más. Un respiro para mí, gritando desde las gradas al pasado, recordando que cuando buscaba tu boca, el viento se llevaba mis besos... Y bueno, ahora que ya está todo dicho, que cada uno siga su camino, Bunbury decide bajarse del escenario y mezclarse con quienes lo aman para cantarme, porque yo también soy quien, con su guitarra cantando se pasa noches enteras, hombre y guitarra llorando a la luz de las estrellas. No se puede creer qué perfecta puede ser la voz humana. Dispuesto a darme el toq
ue de gracia -como tantas otras veces- sonaron esos acordes, ese rasgado y me lanzó otra verdad a la cara, que canto porque me levanto siempre con las mismas penas, con las heridas abiertas que siguen sin cicatrizar. Como para que creamos que terminó, otra vez se fue, otra vez volvió. Tocó la que no nos gusta, pero escucharla ahí es otra cosa, otro nivel... Otra vez perdiste tu oportunidad, siempre enfrentándote y, al final, vencido por el miedo, caes al suelo y te dejas pisar. Y ya, sabíamos que no podía durar mucho más aunque todos queríamos que siga cantando. Por eso al final sólo escribió en la lápida: No sé distinguir lo complicado de lo simple y ahora estás en mi lista de promesas a olvidar...

Aunque, como siempre, me faltaron canciones (hubiera querido gritar que estoy enganchado a ti, no lo voy a negar, si te digo me he quitado, no es verdad... las evidencias no se pueden ocultar, o que nos queda el mar y un buen pescado que comer a tu lado y eso sólo será si vuelves, claro, o que tú, regando mi jardín un día de lluvia torrencial, la mejor compañía para estados de ánimo peligrosos o incluso que puedo decirlo más alto pero no puedo más claro...) quedamos más que satisfechos. Pero sí nos quedamos con ganas del concierto en Sígsig, después de las odiseas, de tener las entradas, de estar allá, en la cola... para los imbéciles del club saltamontes fue muy fácil no dar la cara y suspender el concierto para el día siguiente. No nos podíamos quedar. Pero vaió la pena el viaje y todo lo demás también...

miércoles, septiembre 30, 2009

Tengo que pensar que ahora soy mayor

Sensaciones olvidadas que, de un día para otro, renacen y se quedan como si nunca se hubieran ido. Como una canción que amaste y que, casi sin darte cuenta, dejaste de escucharla y la archivaste en la memoria, pero que regresa vengativa en la emisora más escondida y la escuchas justo cuando vas en un taxi. Como el boleto de lotería ganador que compraste una vez sin que te hayas molestado en chequear los resultados de ese sorteo, que espera paciente en el fondo de un cajón y sale en medio de la mudanza, llevando su número directo a la web de Lotería Nacional y te detiene el corazón -no como quisieras- al ver coincidir cada dígito. Como la salida con los amigos, justo cuando no tenías ganas de salir pero ellos molestaron tanto que acabaste accediendo, la mesa del bar y las miradas que se cruzan con la chica más guapa del lugar, quien al final de la noche te da su número para que la invites a salir. Como el regreso del gatito que creías perdido, maltrecho pero ronroneante, adolorido y muerto de hambre, que se acaricia contra tus piernas para tratar de curar su corazón herido -y el tuyo- tras noches enteras de extrañarlo. Como el olor de un perfume del pasado que sale maligno de una carta vieja en el momento más oportuno, en el único momento en que lo podrías soportar sin reincidir ni llorar.

Como el juego favorito de la infancia que, siglos más tarde, tu hermano lo baja y corre sin problemas en Windows Vista.

Hay cosas que se aprenden y no se olvidan jamás. Me alegro tanto que una de esas cosas sea, en mi caso, jugar FIFA, ese FIFA hermoso que, mucho más que un juego de computadora, era un deporte de alta competencia que practicábamos con el Emo hasta casi la madrugada, intensamente, gritando cada gol como si estuviéramos en el estadio, en la cancha, sudando como si realmente estuviéramos pateando esa bola, como si fuéramos Roberto Idas, H. Van Smaiter o Sergio Vasquero. Y ahora que lo tengo en mi máquina, aproveché este perfecto portal en el tiempo para regresar unos 15 años, dejar de lado el óxido de mis articulaciones y volver a campeonar, volver a desesperarme cuando el defensa ideal no se selecciona frente al violento contragolpe rival, volver a propiciar las más espectaculares voladas con la opción de Porteros Manual, recordar que en su casa le decían "Jaquitob" a Jackob Nielsen, portero danés, cuando era niño... darme la razón después de haber acuñado la frase de "Vilandre juega fuerte" hace tanto tiempo, cada vez que el recio mediocampista holandés corta con fuerza una jugada de los contrarios, volver a sentir las ganas de golpear a Idas o a López cuando se acercan corriendo hacia la cámara después de haber marcado un gol y en mi memoria revive el "Me lo merezco"... volver a sentir la gran rivalidad entre los poderosos delanteros argentinos Alfios y Pasualdo cada que no le hacen el pase perfecto al otro por su hambre de terminar la jugada... volver a reirme de los payasos Janco Tiano, Joe Della-Savia, Peter North, Heini Lenhardt, volver a escuchar el "¡Guach, conchenchadachoch!" del técnico uruguayo, volver a sentir la capacidad goleadora de Arnold Deboer al definir como "jugador de fútbol mundial" -aunque ya me di cuenta que en "simulación" REALMENTE se debe ser un jugador de fútbol mundial para hacer ese tipo de goles-, volver a anotar esos golazos de chilena...

Éste, junto con el GP1 de Microprose, han sido mis juegos favoritos de toda la vida. Me acuerdo de la incomparable sensación de velocidad la primera vez que uno se subía al monoplaza en Spa Francorchamps y cruzaba la parte rápida del circuito, justo antes del Bus stop chicane... hasta miedo me daba ir tan rápido, con los árboles pasando absurdamente veloces tras las vallas de protección, y yo tan concentrado, con los dientes apretados, apachurrando la A hasta el fondo para acelerar al máximo, con el motor rugiendo al límite... (también Space Invaders, Zaxxon, Digger, Frogger, el juego ese de Mazinger, entre otros, tuvieron su momento de triunfo) Cómo me gusta recordar estas cosas... Es hora de empezar a tener nuevos recuerdos, mejores que los que me pueden brindar largas horas frente a una computadora, jugándome el honor en el mundo virtual. Ahora que necesito sacar bastante de mi cabeza, qué mejor que dedicarme a viajar al pasado, cuando todo o casi todo, era felicidad. En vez de estos escapes fáciles debería aceptar mi edad, aceptar que el tiempo ha pasado y que hay cosas que gritan por mi atención... Ya las atenderé... después de volver a ser el campeón del mundooooooooo...

sábado, septiembre 12, 2009

Entre las curvas

Puede que haberme quedado dos vueltas más en pista sea suficiente para alcanzar la punta. Mi monoplaza surca el trazado como un tren bala sobre sus rieles, la línea perfecta, al máximo en las curvas sin perder una milésima. Salgo de la parabólica y me enfilo con al acelerador a fondo en la recta principal... Segundos interminables con el motor a mil. Me acerco al semáforo y pienso en el miedito estúpido que me ataca cada vez que paso por aquí -que se cayera el semáforo sobre mí... qué imposible-. Nuevo récord de vuelta. Se enciende una luz en el tablero, es la indicación del equipo. Una vuelta más... una vuelta más y entraré a pits para el tanqueo y el cambio de llantas. No debo fallar... no puedo fallar.

Llego a la variante del Rettifilo, la chicana que alguna vez me resultó rematadamente complicada y que ahora incrementa mi confianza. Entro a 340 y salgo como a 70, pisando los pianos todo lo que mi auto rojo y el reglamento me lo permiten, y dejo atrás la vida que Ronnie Peterson entregó por aquí en el 78. Vuelvo a hundir el pie en el acelerador y vuelo hacia las curvas rápidas. Los nombres de Carlo Chionio, Renzo Colombini y Renato Galtrucco vienen a mi memoria junto con el terrible accidente de moto que les costó la vida hace muchos años. Me voy acercando a la siguiente curva difícil, como tus curvas, y salgo vivo de donde perecieron Renzo Passolino en el 73 y, más adelantito, el único campeón mundial de motociclismo finlandés, Jarno Saarinen, el mismo año. Pero sé que de las otras no saldría ileso... De 330 bajo a 120 para transitar por la variante Della Roggia sin que ningún neumático suelto le cueste la vida a Paolo Gislimberti ni a ningún otro comisario. Concentración... no debo distraerme.

Avanzo, avanzo al límite, voy al límite, tanto así que levanto un poco de tierra al salir de la curva de Lesmo. La temperatura de los neumáticos de esas flechas de plata debe ser casi ideal y puedo adivinar su decisión por sacarle provecho a sus máquinas y no dejarse ganar la posición a falta de más o menos 15 giros. Pero mi Ferrari va tan liviana con lo último de combustible que, si pudiera terminar esta vuelta, el cronómetro se detendría marcando un nuevo récord en el circuito. De séptima bajo a tercera para entrar a la variante Ascari... le pusieron ese nombre porque el pobre Alberto murió aquí en el 55, con sus dos títulos mundiales a cuestas. No quiero que bauticen una curva con mi nombre, pero quiero dejar mi marca en una de tus curvas, amplias y tan imposibles de tomar para mí. A 335 paso entre los fantasmas de las 14 personas que murieron con Wolfang Von Trips cuando en el 61 perdió el control de su Mercedes junto con su vida peleando por el campeonato mundial, y bajo un poco la velocidad y la marcha, sintiendo la fuerza de 3,72G en la parabólica. Dejo atrás el estruendo del último choque de Jochen Rindt, el único campeón mundial post mortem, y vuelvo a apretar el acelerador a fondo hasta poder entrar a los pits... aquí se define todo...

Activo el limitador. Son segundos que me parecen horas. Después de haber estado corriendo como un desalmado por más de una hora, bajando mi tiempo en cada vuelta, ir a 80 por la calle de pits hace que todo se ponga en cámara lenta hasta llegar donde me espera mi equipo. Freno y me detengo con las justas mientras me vuelvo viejo y mis manos sudan por los nervios. Tengo que salir delante de ellos y no dejarme pasar. Sé que sus motores tienen un poco más de potencia que el mío y que será muy difícil poder pasarlos en pista. Ésta es mi oportunidad. Confío ciegamente en mis mecánicos, así que tengo como 7 segundos para relajarme antes de salir a jugarme el título en la pista. Cierro los ojos cuando veo que una mano se acerca a limpiar el visor de mi casco. Y veo tus ojos, ojos de tantos colores, de tantas pestañas, con la mirada llena del odio de antaño y de las lágrimas de hace un tiempo. El auto se mueve un poco por las atenciones que le dan. En segundos salen las llantas usadas, gastadas hasta la inutilización, y calzan los neumáticos reservados para la última parada. Escucho el sonido de las pistolas neumáticas ajustando el perno central en cada rueda y recuerdo el sonido de las palabras que nunca quise escuchar, tu boca pronunciándolas lentamente para que yo pueda entender, con la fingida inocencia de quien sabe lo que dice pero pretende no matar. Como siempre, vuelve a pasar. Qué más da si el corazón ya está roto y se vuelve a romper. Aprieto los puños y me pregunto cuánto tiempo habrá pasado desde que entré a pits... ¿Cuánto tiempo ha pasado desde la última vez que nos vimos? Demasiado... siempre es demasiado. Siempre que quiero verte y no apareces, busco miles de excusas para pasar cerca de los lugares donde te podría encontrar, hago cosas que te podrían gustar, construyo puentes, viajo a la Luna y escribo canciones sólo para llamar tu atención. Y ahora, hasta intento ser el campeón del mundo. Pero si no gano, puedo ir despidiéndome de mis aspiraciones de gloria. Abro los ojos y puedo ver por el retrovisor a los de la manguera de gasolina que terminan de cargar el combustible. Una media sonrisa se me dibuja en la boca al volver en el tiempo a una vieja gasolinería. Me pregunto si vendrás esta noche a darme sereno aunque haya pasado mucho desde mi cumpleaños. Una promesa es una promesa. Una promesa te pesa como una casa sobre la espalda. Me dan la señal y meto primera, otra sonrisa por uno de nuestros private jokes, y arranco.

Puedo sentir la tensión en el ambiente, todos miran hacia la pista, siguen los datos de la telemetría, calculan cuánto me puedo demorar en salir. Yo maldigo al limitador, paso la señal y obligo al motor a rugir y demostrar toda la potencia de sus caballos de fuerza.

Mis espejos están llenos del gris y negro de los autos rivales. Los pasé... los pasé en pits... Fue un trabajo perfecto y estoy delante cuando ninguno de nosotros tiene que volver a entrar. No escucho los motores porque el grito de los tifosi se eleva por encima de todo como una victoria frente a los elementos. Ahora sólo tengo que mantenerme, por eso me paso un poco del punto de frenada y mantengo la cuerda para evitar adelantamientos en la chicana, justo donde Hakkinen metió primera en vez de tercera y terminó llorando en el bosque. Bloqueo lo justo y salgo como líder, mientras las flechas de plata tienen que extremarse para no chocar entre ellos. Eso les quita un poco de tiempo, me da unos metros de ventaja, más metros, no se acomodan y yo transito sobre las marcas de caucho, más tracción para mí, más velocidad.

La capa asfáltica es un billar, el trazado es perfecto, perfecto como tu piel, la curva de tu espalda con el cabello largo que le cae y la esconde. A 305 kilómetros por hora en la curva Biassono no debería haber tiempo para pensar en esas cosas. No debería pensar en el bosque que rodea al circuito, en ese otro bosque que me llama sin que tú lo sepas. Debo concentrarme, ellos se quedaron atrás, perdieron demasiado tiempo evitando su desastre, pero no podrán evitar que les gane. Acelero con los labios bien apretados... sabes que eso es lo que me destroza los labios y no la falta de besos, como traté de engañarte para obtener alguno. Más velocidad y vuelvo a la variante Della Roggia, la misma curva cerrada, cerrada como están tus ojos para mí. Sobresalto al corazón... no más distracción, me digo al saltar demasiado en uno de los pianos. Acomodo el auto, me acomodo en el asiento y no tengo miedo de volver a pisar a fondo el acelerador. Ya no los veo en los retrovisores, sólo te veo a ti en cada curva, en tu auto con placas que no son de aquí, auto de rally, auto al que me subí para comerte a besos.

Las hojas de algunos árboles se han caído durante la carrera y son como lunares en la pista... muy pocos lunares en comparación con los tuyos. Sin miramientos mantengo la velocidad en Lesmo y acelero al salir de cada extremo de la curva. Con el auto pesado por el repostaje y las llantas que todavía no alcanzan la temperatura que necesito, amplío mi ventaja en milésimas que se hacen décimas en cada nueva curva. Se abrió una brecha y lo tengo todo bajo control, como pensé que tenía lo que siento por ti. ¿Y lo que tú sientes o sentías? Aquí llevo lo que te gusta de mí, lo que odiaste alguna vez, lo que dijiste amar, lo que podrías llegar a adorar, lo que no sabes y lo que no te importa. Soy yo ¿no me ves? ¿no me dices nada? ¿es que no te das cuenta? Dejo al mundo a un lado para que escuches lo que tengo que decirte...

A más de 300 sólo se escucha el desesperado llanto de los frenos en la curva del Serraglio. Desconcentración, estúpida desconcentración la que me causa tu risa burlona. Bloqueo los neumáticos para mantenerme lejos de los rieles, cada vez más cercanos. El golpe seco me deja sin reacción, rebotando de un lado al otro de la pista, destrozando la Ferrari, tus ojos reflejan el susto de que algo malo me pueda pasar, piezas regadas por el piso, una llanta que vuela por los aires y los McLaren que lo esquivan todo y pasan, me pasan, se ponen delante y se van directo a la victoria, a mi derrota.

Sabes que el dolor que tengo va más allá de lo físico. Te preocuparías si me hubiera roto algo, pero te ríes de que esté bien, aunque tenga el corazón destrozado, aunque no sepa dónde ni con quién estás, aunque a ti no te importe.

Game over. Me tiemblan las manos y dejo a un lado el teclado. Apago la computadora y, lleno de recuerdos, hago como Hakkinen y me voy a llorar al bosque.

miércoles, septiembre 02, 2009

El efecto iPod

Todo puede cambiar con la banda sonora indicada... El estado de ánimo, la velocidad de la caminata, la cantidad de calor o de frío, el estado de vigilia, las ganas de hacer o no hacer algo... incluso la suerte. Salgo de casa por la Sarmiento... lo de siempre en la calle y en mí. Cuando de repente, detrás de un árbol se aparece Piazzola con su Balada para un loco y la gente se borra del mundo. Camino con la sonrisa en toda la cara, respiro dejando a un lado el smog y los semáforos hasta me dan paso siempre. Te hace creer que hoy será un buen día. Pasan las horas, interminables y terribles y te encuentras a ti mismo en el asiento trasero de un taxi, regresando a casa con los audífonos puestos, escuchando la Polonaise de Shigeru Umebayashi y sintiendo a los recuerdos que te caen encima destructivos como un gol del rival en el último minuto de los suplementarios. Nada que hacer... Me subo al bus y se me acerca un niño con su macabro plan de recolectar malhabidamente algo de dinero para su ficticia hermanita quemada, con el mismo discurso aprendido de memoria, las mismas pausas, las mismas inflexiones en la voz y la misma foto de la niña quemada en un incendio en Zámbiza que te engaña una sola vez... y agradezco al cielo poder subir el volumen y disfrutar de la violencia real de The Beatles con la desgarrada voz de Paul que grita Helter skelter mientras los incautos incrementan la fortuna del niño ese. Después el viento me pega en la cara cuando abro la ventana y veo las casitas pintadas de rojo y oigo a los Red House Painters con su Have you forgotten? que me recuerdan que no he olvidado algunas cosas. Y sonrío porque, de todos modos, es divertido hacerlo, tan divertido como ir tocando mentalmente -y no tan mentalmente- Paranoid android como Thom Yorke, solito con su guitarra, y tratando de acompañarlo mientras cantamos juntos. Y, hablando de acompañar, la gente me regresa a ver cuando le hago la segunda a Andrés, muevo la cabeza al ritmo del rocanrol poco optimista de No se puede vivir del amor, o cuando preparo mi pretemporada de Bunbury con los coros de El hombre delgado que no flaqueará jamás. Eso está bien. Lo malo es cuando le hago la segunda a Nacho, demasiado alto, y la gente se siente ofendida por las barbaridades que canto en Dry martini S.A. y, al darme cuenta, me siento incómodo. Pero todo pasa, todo es divino, todo se llena del color de los atardeceres del pasado con ese arco que rasga la guitarra eléctrica, con esos sonidos de ángeles armados con instrumentos eléctricos, con esa voz que es otro instrumento perfecto... con Svefn-g-englar de Sigur Ròs. Y qué decir de cuando uno se queda como bobazo, émulo de Dan, el obituarista, mirando a quien se acerca como Rachel Jones, sin saber lo que le espera, con The blowers daughter de Demian Rice en las orejas, o cuando uno sale a enamorarse de todas y de cualquiera pero de ninguna con the pillows y su inevitable Thank you, my twilight...

Pero el efecto iPod trae su efecto colateral... la sordera. Creo que me estoy quedando sordo, escucho el silencio que se acerca sigiloso a mis espaldas, listo para asaltarme. No quiero que eso pase... no soy Beethoven.

sábado, junio 27, 2009

Todo está preparado. Todo a punto.

"Tengo ya preparadas las respuestas para las entrevistas periodísticas que me harán en la prensa, radio y tele. Querrán saber qué opino y cómo soy. Me mostraré ingenioso y espontáneo. Tengo ya preparadas unas listas de personalidades importantes e incluso redactados ya los textos, muy agudos, de las dedicatorias. Tengo ya preparadas las metáforas que servirán como brillante ejemplo o síntesis que aclare lo que exponga. Saldrán como galaxias de las páginas. Y tengo preparada mi postura al sentarme o de pie, tono de voz, expresión de los ojos y la boca. Todo está preparado. Todo a punto. Puedo empezar, pues, a escribir mi libro."

El texto es de José María Fonollosa y lo escuché por primera vez en el Supone Fonollosa de Albert Plá, al que llegué buscando repetir eso de Yo quiero que tú sufras lo que yo sufro... Últimamente me ha venido dando vueltas y vueltas en la cabeza... y es que ya es hora...

Mi papá constantemente me anda preguntando que cuándo escribo algo, cuándo publico algo, cuándo participo en algún concurso de esos de la Diners o el Aurelio Espinosa. Mis participaciones en ese tipo de eventos han terminado con la clásica eliminación en primera ronda, pero al menos me ha gustado algo de lo que he escrito. Mi primera novela se quedó en stand-by como el Judas... talvez la retome algún rato, cuando sepa adónde diablos va la historia. De vez en cuando escribo cositas pequeñas que se me vienen a la mente, sólo por el gusto de escribir, sólo por no dejarlas morir en lo intangible de la imaginación para que mueran en lo intangible de lo digital... ah, cierto, y las que quedan en este espacio...

Ahora que tengo una idea clara, ahora que creo que no lo lograré, ahora que todo va a pasar -lo presiento-, ahora que conocí a mi nuevo amigo James Neligan, ahora que estoy aburrido, ahora que no tengo tiempo para nada, ahora que sé que algunos de mis amigos me ayudarían gustosos, ahora que estoy muy influenciado, ahora que preferiría morirme de hambre con esto que de cualquier otra forma, ahora que tengo la distancia que no quisiera pero que necesito, ahora que la tecnología está a la vuelta, ahora que sé que no tengo lo que me costaría, ahora que quiero ir a más conciertos desde arriba, ahora que necesito olvidar, ahora que la muerte está más cerca que ayer... ahora, justo ahora, quiero grabar un disco a la manera de quienes no tenemos un estudio de grabación pero sí un par de personas que puedan echar una mano, de quienes odiamos las canciones que hemos escrito (excepto una [una canción, no una persona]), de quienes odiamos cómo cantamos, de quienes no hemos desarrollado un estilo propio pero tenemos unos gustos eclécticos pero definidos en el campo musical, de quienes somos cero producción, de quienes tocamos mal la guitarra y no nos importa mucho, de quienes conocemos a la mujer precisa para hacer unos coros, de quienes sabemos lo que a algunas personas les resultaría detestable (y por eso mismo lo usaríamos deliberadamente), de quienes no tenemos a nadie que sepa tocar el piano... Eso de "grabar" suena muy ostentoso, creo, aunque sepa que está mal usado el término, pero es así. Tener un arte para la caja y un CD Imation -¿doble?- bastarán. Pero no debo hacerlo una sola vez. Quiero llegar a los 60 y, por fin, "grabar" un disco decente.

Y aquí lanzo la convocatoria a quienes quieran ser parte del proyecto, sobre todo a alguna chica que sepa tocar el piano... ¿Quién se apunta a subirse al tren de carga que aún no tiene destino y para el que no se han vendido pasajes nunca en la vida? Mi más sincero agradecimiento y mi más profundo respeto para quien decida meterse a algo que todavía no es nada y que quién sabe cómo terminará... o si algún día terminará... O, lo que es peor, si algún día empezará...

jueves, mayo 07, 2009

El mejor dotado de los conductores suicidas

"I think it is well known that if I want someone to stay behind me and I am faster, then he stays behind me."

Hoy son 27 años -27, como el número de su Ferrari, que él convirtió en leyenda y que después llevaron otros pilotos de la casa de Maranello como Alboreto, Mansell, Berger, Alesí y hasta creo que el mismo Schumacher-, 27 años de la muerte de Gilles Villeneuve, tras ese estúpido accidente en las clasificaciones de Zolder. Talvez si Pironi (su coequipero en Ferrari) no hubiera desobedecido la orden del equipo y no lo hubiera pasado peligrosamente en la última vuelta del GP de San Marino, un par de semanas antes del accidente, Gilles no hubiera salido como un desalmado a clasificar y no hubiera pasado nada. Pensándolo bien, él siempre manejaba como un desalmado... y eso le hizo ser quien es hoy.

Nunca lo vi correr, sólo he visto videos viejos, pero eso basta para admirarlo y adorarlo, como buen hincha de Ferrari que soy. Un tipo de sonrisa amplia que comenzó corriendo en motos de nieve, pasó ganando a todo el mundo en Fórmula Atlantic hasta llegar a McLaren -una carrera, creo- para después ser reclutado por el Comendatore y hacerse ídolo con las maniobras, los trompos, los adelantamientos, los accidentes... En su primer gran accidente murieron 2 personas cuando su Ferrari voló sobre la gente en Fuji tras toparse con Ronnie Peterson. En el último murió solamente él...

Lo mejor de la F1 nos lo regaló Gilles: el triunfo en Mónaco con turbo, los derrapes en España, la vuelta en 3 ruedas en Holanda y, por supuesto, la lucha con Rene Arnoux en Dijon, allá por 1979...

sábado, mayo 02, 2009

El señor Chow

Hace un tiempo -creo que fue en el cumpleaños del Juanes-, conversando de todo un poco, el Armando me preguntó por mi top five de películas de todos los tiempos. No supe qué contestarle porque siempre me ha parecido muy complicado hacer una lista ordenada de mis películas favoritas. Lo único que supe es que dentro de ese top five definitivamente estaría 2046 de Wong Kar Wai. Sé que a mucha gente le parece una película malísima, sobre todo después de haber visto In the mood for love, pero más bien es gracias a In the mood for love que 2046 ha llegado a ser lo que es para mí. Y es que el Sr. Chow de la una no es igual al Sr. Chow de la otra, parece un personaje totalmente diferente, otro tipo, y eso me encanta... seguramente porque yo tampoco soy el mismo tipo de In the mood for love... A veces, eso también me encanta, lo que me hace sentir bastante tranquilo, en realidad. Jugar a ser el Sr. Chow puede ser muy divertido si dejamos de lado las partes dolorosas, aunque siempre queda la táctica de una media sonrisa para calmar al propio corazón roto.

Siempre me he mantenido en lo que dije una vez de "la gente no cambia", refiriéndome a todas esas veces en que amigas mías me contaban que, después de haber terminado mal con sus novios, iban a regresar con ellos -unos completos imbéciles que les trataban pésimo- porque ellos les habían prometido que iban a cambiar. De más está decir que los tipos no cambiaron, les trataron peor y ahora ya no están juntos. Pero eso de "la gente no cambia" se aplica solamente a quienes dicen que van a cambiar. La gente sí cambia pero sólo cuando no decide hacerlo. Le pasó al Sr. Chow y me pasó a mí. Encontrar mi reflejo en un personaje de película me dejó sin respuesta y es eso lo que pone a 2046 en el top one de películas, más allá de los recursos cinematográficos, la música, el manejo del color, los diálogos, lo complicado de la historia, la ciencia-ficción del relato y todas esas cosas en las que se fijan los críticos.

No voy a entrar en detalles porque talvez no es muy apropiado y porque seguramente no estoy preparado. He ido dando pasos pequeños desde hace mucho tiempo para poder llegar al lugar en el que estoy ahora. Y ahora estoy solo... No quiero desandar el camino ni quiero tomar un descanso ni un atajo, sólo un trago, o más de uno. Me limitaré a decir que este blog es el hueco que cavé en el árbol que hay en la cima de la montaña -o el hueco que encontré en una de las paredes de piedra de Angkor Wat- y que, mientras escribo, le susurro el secreto que no quiero que se sepa. Al publicarlo lo estaré tapando con barro, el secreto se quedará aquí por siempre y yo quedaré un poco liberado. Y es que, citando a Mr. Chow (y lo haré en inglés porque suena mucho más preciso de como intento ponerlo en español), "love is all a matter of timing"...

Ahora, después de haberlas visto seguidas y en orden, puedo decir que este preciso instante, dentro de mi top five están ocupando los dos primeros lugares 2046 e In the mood for love, en ese orden. Cuando escribí esto terminé diciendo "Maldito Wong Kar Wai". Creo que es un buen momento para repetir ese final: Maldito Wong Kar Wai...

lunes, abril 06, 2009

Los últimos besos

El último beso que di fue rápido, tranquilo, un poco apurado, frente a la parada de la Ecovía... la despedida, con un taxi que paraba para llevársela, con el vacío de una ciudad en feriado donde nadie se acercó a nosotros para mojarnos. Bueno, el último beso fue ayer por la noche, en un sueño, pero mis sueños no importan... nunca han importado, así que mejor me limito a la vida real. El último beso hasta hoy... Pero ha habido otros últimos besos, sellos definitivos sobre historias de amor, de pasión, historias que no debían suceder, historias que no tenían que terminar... La gran mayoría de ellos llegaron junto con mi completa seguridad de que era el último, así que iban acompañados también de la rotura del corazón, besos tristes con bonitas canciones de fondo.

Al primer último beso que tuve no lo recuerdo muy bien. Creo que fue en la esquina de esa gasolinería de la 10 y Naciones Unidas, aunque puedo estar equivocado. Tengo que reconocer que no fue con la misma chica
de mi primer beso... en mi defensa puedo alegar, parafraseando a Ross Geller, que we were on a break!!, aunque de eso ya ha pasado tanto tiempo que nadie debe acrodarse... ni siquiera las dos implicadas... Ese beso no fue triste, porque todo fue pasajero y todos sabíamos que yo iba a volver con la otra chica, la del primer beso... Lo que sí me acuerdo es que ese primer último beso tenía el olor de la humedad del saco blanco de esa chica, mezclado con su perfume que no me gustaba y el frío en las narices. Un poco después... unos diez meses después, me topé de frente con mi segundo último beso, doloroso con la certeza que expliqué antes, en el patio de Ingeniería, a un lado del bar de la Pinky. Ya tenía el corazón roto pero en ese tiempo podía agarrarme de una relación que ya estaba perdida con tal de evitar el dolor... sólo que no lo conseguí. No fue un beso apasionado, no fue bonito y llevaba una carga de pena difícil de soportar para alguien con la poca fuerza de mis hombros, de mi corazón. Me quise morir ese día... y ni siquiera bebí...

Hubo otros últimos besos. Uno con lágrimas en sus ojos, en la 12 de octubre, mientras nos dirigíamos a una fiesta de disfraces (ese debe haber sido el más sorpresivo de todos... por eso mismo me cogió tan desprevenido que no sentí el golpe hasta la mañana siguiente, al levantarme de la lona), con una mujer excepcional. Otro llegó de mutuo acuerdo en el hall de Psicología, en una mañana muy soleada de febrero o marzo. Otro, que ya se caía de maduro porque las cosas no iban bien y no había habido besos en algún tiempo, fue en el asiento de un carro frente a mi casa... tardé en darme cuenta que ese fue el último porque, de un momento a otro, las cosas terminaron sin que ninguno de los dos nos diéramos mucha cuenta. Hubo uno frío, pese a que yo intentaba que ella se pusiera de buen lado, que llegó acompañado de una confesión que me supo a mentira, pero a estas alturas ya no importa.

Hay uno que quisiera recordar... Recuerdo el primero, en mi cama, abrazados, entre caricias, como una hora antes del último... per
o a éste no lo recuerdo, seguramente porque yo estaba en el Paraíso mientras a ella se le venía un infierno. No sé si fue en mi cuarto igual o a la salida de la puerta o en la rampa que bajaba del garage. No fue para nada triste porque pensé que mi vida empezaba cuando en realidad había ya saltado al abismo sin mi paracaídas. Cómo me hubiera gustado una vida llena de los besos de esa mujer.

Pero hay otros tipos de últimos besos... esos que vienen después de los últimos. Por ejemplo, con una chica he tenido tres últimos besos, unos me han sumido en la tristeza más profunda y el otro más bien me dejó una sensación de haber aprovechado más de una vida junto a ella. Con otra chica tuve dos últimos besos... no los recuerdo bien, el primero creo que fue en un bus de regreso a Quito, junto al conductor, y del segundo sólo sé que fue con ronquera en la garganta, cansancio en el cuerpo y sueño en los ojos. Todo esto sólo me hace volver a pensar en los finales abiertos... siempre abiertos...

Y hay otro tipo... los que sólo se imaginan porque no ha habido el primero. Supongo que hay que ser un enfermo para pensar en el último beso con alguien que ni siquiera piensa en besarte todavía... y nunca lo hará. Pero yo soy así... qué se le va a hacer...

domingo, marzo 15, 2009

Me necesito enamorar

Es fácil... es muy fácil. Saber lo que uno quiere simplifica las cosas para todos... Para todos excepto para mí.

Aclarémoslo... Aceptémoslo... ¿Dónde diablos voy a conseguir lo que quiero? Hoy, más que nunca, tengo claros los detalles, las formas, los comportamientos, el todo... El todo de la mujer que ha de ayudarme a regir mi vida de hoy en adelante. Y por eso, por el conocimiento que tengo de lo que quisiera que fuera mi futuro, sé que me lo arruiné para siempre, porque ¿de dónde diablos voy a sacar una mujer así? ¿Existe, acaso, lo que para mí es la perfección? ¿Qué demonios me pasa?

Unos pocos puntos que la definen, ayudan también a definir mi grado de estupidez:

Primero, lo que El Tipo y yo fuimos descubriendo con el pasar de los años, con el pasar de las mujeres que desfilaban frente a nuestros ojos, tan lejanas, tan de pasarela europea y televisiva, tan de rompecorazones teledirijidos: flaca, alta, blanca, narizona, pelo negro, largo, lacio, ojos negros... Y LENTES... LENTES... Hasta ahí, todo bien, se puede encontrar una chica así en cualquier Camal-Aeropuerto que nos lleve al cielo. Luego empieza a llegar lo complicado...

Debe estar familiarizada con la cerveza. No debe cerrarse a las cosas nuevas. Debe hablar italiano, francés e inglés -al menos (y talvez dominar el portugués)- para que me pueda traducir los temas de Jacques Brel, Edith Piaf, Marco Masini, Vasco Rossi y demás, y para que pueda entender algunas de mis canciones obligadas para sobrevivir. Debe tener una voz dulce y entonada para que me pueda cantar al oido canciones de los artistas antes descritos. Debe haber visto películas que desconozco, escuchado música que ignoro y leído lo que ni me imagino que existe, para que me sirva de cable a tierra con la realidad... para que me ayude a no quedar estancado en lo mismo de siempre. Debe besar como nadie. Debe saber tocar un instrumento -guitarra o piano, de preferencia- y debe tener el impulso de escribir canciones para terminar de conquistarme. No debe tener miedo -ni impedimento- de salir a cualquier hora de su casa para llevarme en un viaje maravilloso a una especie de dimensión desconocida que conozco bien pero que cada vez es diferente... que cada vez es mejor. Debe tener muchos lunares... y debe gustarle que los recorra... Debe usar la ropa más estrafalaria que el buen gusto permita. No debe importarle si nos toman una foto mientras reposo sobre sus piernas en una banca de piedra. Debe disfrutar como loca en los conciertos a los que va conmigo. ¿Ya dije algo sobre los lentes? ¿Sí? Pues bueno, sus lentes deben tener un marco relativamente grueso y deben ser lo suficientemente grandes para enmarcar perfectamente sus ojos inmensos, sin taparlos... Debe saber pelear conmigo. No debe tener reparos de dormir entre mis brazos. Debe inspirarme. Debe ser inspirada por mí. Su cuerpo debe encajar perfectamente con el mío. No debe gustar de los paraguas para que la lluvia la moje para mí. Debe llegar matando a todos, causando cataclismos universales en mí, ganándome todas las estúpidas guerras que peleo, y plantar su bandera sobre los cadáveres de mis ejércitos derrotados. Debe usar el messenger. No debe quitar la mano cuando se la tomo mientras ella sostiene una taza de té caliente sobre la mesa del comedor de mi casa. Debe ser lanzada para que yo entienda y reaccione ante sus intenciones -porque yo no soy precisamente el tipo de las iniciativas amorosas-. Debe dar besos con tabaco. No debe quedarse esperando mis llamadas -al menos no siempre-. Debe compartir conmigo. Debe tener paciencia. Debe tener un pasado, como todo el mundo, pero no debe tener ataduras que le impidan venirse conmigo. Debe tener una piel suave y con ganas de mi piel. Debe ser capaz de hacer esas cosas que rondan mi mente y que no soy capaz de escribir. Debe perdonarme por todo lo que me olvido de escribir cuando estoy ebrio...

Pero, sobre todo, se debe morir por mí... tanto como yo pueda llegar a morirme por ella.

Como quiera que sea, ya no me debo volver a enamorar de las mismas mujeres de siempre, aunque ahora aparezcan como la única opción posible y desesperada para mi salvación.

Y así es como me necesito enamorar, aunque mi enamoramiento actual recaiga sobre una canción y sobre mi iPod. O talvez por eso mismo...

Al menos esto es lo que me atrevo a decir... por el momento...

PD: Cuando se me vayan ocurriendo o vaya recordando o descubriendo más rasgos distintivos de la mujer de la que me he de enamorar, los iré aumentado en los comentarios a la entrada...

viernes, marzo 06, 2009

Carta abierta al presidente de la república

Señor Correa:

A veces me toca viajar en taxi y ayer fue uno de esos días. El taxista, trabajador hombre del pueblo, tenía su radio encendida, así que me tocó escuchar su programa lleno de llamadas al aire, señoras que se quejaban de la infidelidad de sus maridos y cosas por el estilo -con The lonely shepherd de Zamfir como música de fondo-. De repente, una propaganda. Una patética voz masculina comienza a cantar con los acordes de Hey Jude y siento que algo se me rompe en el alma. Le pongo atención a la letra y siento ganas de vomitar, dolor, pena... indignación, porque empieza a hablar sobre la tal revolución ciudadana y termina transformando una obra maestra de la música universal en un panfleto ridículo de una campaña sin sentido.

¿Cuánto le costaron los derechos del tema? ¿Cuánto le tuvo que pagar a Michael Jackson o a quien quiera que sea ahora el dueño de los derechos de Hey Jude? Son preguntas retóricas, señor Correa, porque la verdad es que no me importa. Debería saber, tan preocupado como dice que es por la justicia y esas cosas, que no todo se vende ni todo se compra. No porque el capitalismo en el que vivimos -incluidos usted y su letrero de Socialismo del siglo XXI- nos lo permita, vamos a faltarle al respeto a cualquier cosa. Para eso uno tiene principios. Yo no compraría una bandera del Ecuador para ir a quemarla en la puerta de su casa, ni le mandaría de regalo una imagen de Cristo tatuada con dibujos satánicos, ni iría a darle serenata con el Himno Nacional con una letra cambiada que insulte a su familia. Lo que usted hizo es tan malo o peor que los ejemplos que acabo de ponerle porque, además, nos restriega su canción en la cara diariamente.

Ya sé que no fue usted en persona quien eligió la canción, escribió la adaptación de la letra, hizo los "arreglos" y la grabó. Pero USTED es el presidente y USTED es quien no debería permitir ese tipo de cosas. Pórtese prepotente, insulte a las periodistas pasadas de peso, búrlese de los agonizantes, rompa SUS relaciones con otros países, quítele la jubilación a los ancianos, invéntese algún sistema para que el pago y la declaración de impuestos sean más complicados, llame a referéndum cada tres meses y gástese millones en eso, hágase más guapo y simpático, no me importa. Eventualmente puede hasta mandar a las fuerzas del orden a atacar al pueblo que se manifiesta en las calles, huir del país llevándose todo el dinero o perpetuarse ilegalmente en el poder. No me importa. No me importa que su gobierno se vaya por los mismos caminos que Venezuela o Bolivia, con sus anacrónicos Simón Bolivar o Ché Guevara como modelos a seguir, no me importa que el uno no tenga ningún significado útil en mi vida y que el otro no sea más que un desgastado ícono de la cultura pop actual. Pero, por favor, deje en paz a The Beatles. Una cosa es hacer un cover de una canción, una reinterpretación, y otra muy diferente es aprovecharse de un hit mundial para hacer proselitismo en una campaña ridícula.

La blasfemia de su campaña no tiene perdón. Siempre pensé que usted era una persona más inteligente que el resto de los imbéciles que se lanzan en busca de la presidencia. Después de escuchar esa interminable cuña radial -que, por cierto, habla muy bien de sus fondos de campaña- lo degradé junto a ellos. Incluso podría decir que Álvaro Noboa y Lucio Gutiérrez, en lo asnos que puedan llegar a ser, nunca cometieron una estupidez comparable a la suya (no se preocupe porque, conociéndoles, ya han de sacar sus propias versiones bazofiales de campaña de algún tema de los Stones o Sinatra). Al menos Abdalá Bucaram se apropió del tema de Perales sin regrabarlo ni ponerle una letrita estúpida y falta de gracia... punto a favor de quien debería estar en la cárcel y goza de impunidad durante su mandato.

The Beatles ya eran de todos antes de su llegada con su estúpido eslógan y todo lo demás, pero que sean de todos no implica que podamos destrozarlos (hasta el Butchering the Beatles es permitido). Se ha ganado el infierno, señor Correa. Ojalá pase la eternidad abrazado y abrasado ahí con su amigo Febres Cordero.

Para quitarme el disgusto, mejor voy a escuchar la canción como se debe...




Como casi nadie va a leer este post, no creo que le quite ni un voto, además que no pienso que sea motivo suficiente lo que expongo aquí como para que algún simpatizante suyo prefiera a The Beatles o a Noboa o a Gutiérrez... Igual creo que usted ha de ganar...

martes, febrero 17, 2009

Yo también estuve en París

No hay mucho que decir. Nunca he ido a Europa -ojalá este año sea el momento- pero puedo asegurarles que estuve en París. El 12 de febrero fue el concierto de Roger Hodgson en Quito y, pese a que todo hacía parecer que no lo lograría, terminé yendo. Lluvia, dolor, cansancio, sueño... todo se olvidó cuando pude escuchar tan cerca a una de las voces más identificables del rock mundial. De entre los temas de Supertramp tocó Take the long way home, Give a little bit, Hide in your shell, Soapbox opera, Breakfast in America, Lord, is it mine?, The logical song, Dreamer, School, It's raining again... De sus composiciones como solista tocó, entre otras, Even in the quietest moments, Along came Mary y Easy does it (el set list completo está en la página oficial de Roger Hodgson). Con Lord, is it mine? casi se me van las lágrimas -a ambos, porque Roger visiblemente emocionado nos dijo "You made me cry" después de escuchar el multitudinario coro de un Ágora de la Casa de la Cultura repleta-, fue uno de esos momentos que uno nunca imaginó vivir, una de esas canciones que, algún rato de la vida, fue la favorita, la más importante. Toqué el cielo con las manos.

Pero lo que sí me sobrepasó fue mi viaje a París, a ese concierto que, como dije alguna vez, es el mejor disco en vivo de la historia. Las campanas, el viento, Churchill con su "We shall never surrender" -que volveremos a escuchar en Maiden-, la instrumentación, la gente, el apoteosis, la voz... la voz intacta como ese día de hace casi 30 años... Yo estuve ahí, en París, disfrutando de Fool's overture, la mejor grabación, la historia del rock y yo como espectador privilegiado y atemporal.

Pero le faltó tocar Two of us... Nada es completo...

domingo, enero 18, 2009

Igual no lo haré

¿Propósitos de año nuevo? No es lo mío. De ganita voy a ponerme propósitos que no cumpliré... sólo para quedar pésimo después. Sin embargo, tengo una lista de cosas que me gustaría hacer este año, o cualquier año, la cosa sería hacerlas... Y si no las hago, pues ya ni modo, tampoco voy a morirme por eso... Talvez este post lo debí haber escrito antes, recién comenzando el año, pero he estado un poco ocupado. Aprovecho ahorita que ya me duele la espalda con estas benditas páginas web y que "necesito un descanso".

Escribo un poco a la patada, de seguro se me olvidan cosas, como siempre. Es mundialmente conocida mi capacidad de olvidarme de las cosas, excepto esas cosas que me matan, y esto no me mata, así que...

En realidad me conformaré con que este año sea la mitad de bueno que el anterior, pero sin las peores cosas.

  • Fumar: creo que estoy un poco viejo para adoptar un vicio nuevo, pero sería tan lo máximo ser fumador... uno de esos sueños irrealizables a estas alturas.
  • Hablar con las desconocidas: antes de navidad fui al Quicentro a comprar un regalito y tuve un encuentro con una chica. El cruce de miradas, las sonrisas esbozadas en nuestras bocas, el caminar cerca, casi rozándonos, la respuesta que no le supieron dar las empleadas de la tienda y que se quedó estúpidamente guardada en mi garganta, sentir las ganas de ella en mis ganas, la plegaria que silenciosamente levantó mi corazón a los cielos para que ella se me acercara y me dijera algo, el alargar la estancia en el lugar para ver si me decía algo ella, ella que tenía lentes, que era completamente mi tipo.. Que no me vuelva a pasar, que la próxima vez me decida y le diga algo a ella o a la que me toque de turno. No otra de estas historias, que no se repita lo de la chica de lentes.
  • Beber más y mejor: esto talvez lo pueda hacer, pero de seguro necesitaré ayuda.
  • Ver más películas: tengo que lograrlo. He empezado el año viendo cosas nuevas y eso me gusta. Debo devengar el pase de cortesía del Ocho y medio.
  • Leer más: sólo tengo que decidirme y ya, porque libros hay, en físico y en digital... Y los cómics también.
  • Escuchar más discos: discos enteros, como antes, cuando uno se compraba un CD y llegaba a la casa y lo escuchaba íntegramente, con el cartón, leyendo las letras, y se enamoraba de laguna canción desconocida. Los discos enteros son una unidad, no nos olvidemos de eso.
  • Salir a más conciertos: así no sean de los más grandes rockeros, puedo ir a más tributos a buenas bandas, a más bares donde se presente algún tipo under con sus canciones... más música de la que se pueda disfrutar en todas sus presentaciones.
  • Aceptar más invitaciones: que la pereza no me venza a veces para salir cuando el plan es bueno... pero sólo cuando el plan es bueno...
  • Comer menos carne: he bajado el nivel de consumo, pero igual, a ratos soy un verdadero anormal comiendo tanta carne.
  • Viajar a algún lugar: salir con alguien en un carro, en un bus, cruzar los caminos, llegar a otros lugares, sentir el placer de la carretera, la compañía y la buena música... Aunque sea cruzar el charco, aunque no le encuentro placer alguno en ese viaje tan lejos de la tierra firme. Lo que más me gusta del viaje es la carretera, me gusta más que la llegada y la estadía...
  • Trasnocharme trabajando al comienzo, para tener más tiempo al final: siempre me termina pasando, así que mejor ahora lo hago a la inversa. Ya no empecé desde el comienzo del año, pero sé que habrá más de una chance para hacerlo.
  • Escribir más, más posts en los blogs: no abandonar los escritos, pero siempre y cuando quiera hacerlo, tampoco me voy a obligar a escribir cuando no hay nada que decir... El silencio no es tiempo perdido.
  • Conocer más gente: lucharía contra mi antisocialidad, tratando de desarrollar un inexistente instinto gregario..
  • Aprender a tocar algún instrumento: harmónica, teclados... qué sé yo... usar el slide en la guitarra...
  • No dejar de salir con alguien por alguna estupidez: que ni el trabajo ni el cansancio ni la lluvia ni la hora ni la pereza ni el dinero ni nada se interpongan entre esa persona y yo (sea quien sea esa persona)
  • Componer un puñado de buenas canciones: complicado... lo más complicado que me he planteado... Pero como que la música me necesita en este punto... y yo a ella...
  • Comprar más cosas: me gustaría tener un iPod, la guitarra de mis sueños, cosas así, un par de pósters... bueno, a esos podría incluso "hacerlos" yo mismo.
  • Tatuaje: y buéh...
  • Olvidar a un par de mujeres: Lacuna Inc., allá voy... Tenía en algún lado una lista de cosas que pueden ayudar a olvidar, pero ya no me acuerdo dónde la dejé... maldita sea...
  • Evitar que mi barriga crezca: no puedo transformarme en uno de esos panzones y espero no hacerlo.
  • Dejar la exigencia de lado: si sigo buscando la perfección mejor me emparedo en una celda y me quedo ahí hasta morir de hambre.
  • Ser menos sedentario: caminar más, hacer algo que parezca un poco más de ejercicio. Sé que mis articulaciones no van a ser perfectas por siempre. No me caería mal un poco más de sudor.
  • Beber solo: tengo que logarlo...
  • Decirle más veces que sí a las cosas a las que les digo que no y decirle más veces que no a las cosas a las que les digo que sí: creo que está claro ¿no?
  • Oír música nueva, reciclar la otra: no quedarme estancado, que el mundo es muy grande y la música muy buena. Claro que también sería lo máximo encontrar a alguien con quien compartir esa música, pero buéh... no se puede tener todo en este mundo...
  • Robar más besos: ¿qué me puede pasar? cachetadas ya me han dado y ha valido la pena... al igual que los besos. Debería poner también que me roben más besos a mí, pero no sé si eso suceda -tampoco-.
  • Que el Pancho deje de ser tan...: soñar no cuesta nada...
  • Dormir menos: no quiero tener sueño, quiero hacer cosas, aunque sea no salir de la cama pero leer, oír música, ver una película, robar besos y decir que sí...
  • Desprenderme de cosas: al fin y al cabo, son sólo cosas... y en otras manos estarían mejor...
  • Enamorarme: pero de otras mujeres, por favor.
  • Dejar de escribir estupideces como este post...

sábado, enero 03, 2009

Inventario

El dolor con el que empezó el año, el corazón roto, los mensajes sin respuesta, la noche que me hubiera cambiado la vida, las largas horas lamentando todo, los besos que perdí, las marcas que se borraron de la piel, el comerse las uñas -metafóricamente-... Pero también estaba el André, el André y la Diana por acá... La muerte de mi abuela, el terrible sonido de la tierra cayendo sobre su ataud, el desamparo, el resto de la tristeza... La aparición repentina, los besos apasionados en el asiento del auto, las manos descontroladas, el nuevo adiós, el no entender, el no saber por qué... y seguir... María Susana Rivadeneira en el concierto de Bryan Adams, el saludo y el beso volado que me dejó volado, el chat y lo demás... El Quinche, los viajes y paseos, las entrevistas, la Vero y las primas, los bailes y las noches largas y extrañas, la Virgen... La soledad, el descanso, la nada, la pena y la nada... Las mujeres virtuales, los nuevos teamos por teléfono, los mensajes en el blog, los intercambios, los chats y lo demás, la desaparición... Deep Purple con el Chullita Quiteño y Star Wars... Cultura Intensa, la trova, el Brasil, el Cero Latitud... La casa nueva, empacar todo, la mudanza, el blues mientras pintamos las paredes, la convivencia, el hogar, el amor que llegó a la casa, la independencia... La gripe, la visita, la mejor limonada que tomé en la vida... La libertadores, los goles de Obregón al Arsenal y a Libertad, los penales contra San Lorenzo, las reuniones donde el Búho para ver los partidos, Guerrón, el gol en el Azteca, el 4 x 2 de la final en Quito, Cevallos en el Maracaná, levantar la Copa, la única copa que vale la pena... El maldito Wayne Rooney y, por suerte, no ha habido pileta en Tokyo, pese a Manso... La luna que entró por su ventana y nos volvió locos, el brillo en su mirada, la noche larga, las grandes marcas en la piel, el despertar con vino en la cabeza, primero con su despertador, después con el mío, el adiós y adiós, el frío, la lejanía, el no entener nada... La Ferrari campeón, la emoción de esa última carrera aunque Hamilton haya demostrado que se puede ser campeón y ser el mayor de los losers... Andrés en el templo del rocanrol, el mejor concierto de la vida, la noche que no quise pasar solo, todo lo que pasó, todo lo que esperé para después, el no saber por qué, las respuestas que encontré en las canciones, en las canciones de Andrés... Tokyo ya no nos quiere, Bukowski, Lo bello y lo triste... Los viajes, todos los viajes, Quilotoa y Cotopaxi, el centro y el Panecillo, la Mama Negra, las fotos, el frío, el descubrimiento del nuevo placer: mirar por la ventana, disfrutar el paisaje y escuchar Beatles, blues, Jethro Tull, Radiohead, entregarse a la experiencia de viajar... The cook, the thief, his wife and her lover, Lust, caution, Luz silenciosa, Fur... El manifiesto desastre, Daydream, Hellville De Luxe, Me verás volver gira... Los tributos, los conciertos, las guitarras, las cantadas... Los finales abiertos, los reencuentros inesperados, la intensidad que me consumió, la confianza y la familaridad de antaño, la certza de que todos los finales son abiertos... El descubrimiento del secreto, la mujer sin rostro... La noticia del nuevo sobrino, el alcohol, los paseos, la guerra mundial del picadillo... Too much alcohol, No existes, Todo lo demás, y todo lo demás también...

El año sin mar, sin estudiar, sin tener realmente a quién llamar, el año de las lágrimas de triunfo, de salir para no volver... el 2008 que se fue y se quemó en el mismo fuego en el que casi me quemo yo. Me gustó mucho ser yo en el 2008... ahora, esperar que el encargado no olvide darle cuerda a mi reloj...

sábado, diciembre 06, 2008

Lunático

Las cosas salen de los lugares menos pensados... El otro día me fui a ver La tourneuse de pages y conocí a Déborah François, la protagonista, hermosa mujer dueña de una belleza perturbadora, pese a no ser el tipo de mujer que me gusta -o talvez por eso-, y dueña también de un par de lunares en el cuello. De la película mejor no hablar, así que de una me dedico a lo que salió de la caja de Pandora que se abrió con los lunares.

Fue algo totalmente imprevisto, un disparador escondido en lo recóndito del inconsciente, en la parte prohibida de la memoria... Prohibida porque es el camino directo a la bodega donde se guarda lo que no se debería volver a ver. Estoy exagerando... me gusta recordar algunas de estas cosas que alguna vez fueron letales y premeditadas minas antipersonales que dejaron enterradas ciertas chicas para volarme en pedazos después de su partida -toda mina extermina-. Con el paso del tiempo me he dado cuenta que hasta el más insufrible dolor deja de ser lo que era... qué decir del amor, que no es más fuerte... Pero bueno, vuelvo a lo que decía. Los lunares. No estoy hablando de esos lunares descaradamente sensuales como los de Marilyn (tan reproducido a esta hora), Cindy Crawford o Eva Mendes, sino de esos otros, escondidos, insospechados, como el de la francesa de la película, puesto en el mejor lugar, con la precisión de un pintor renacentista que se toma un día entero para calcular el sitio, el color y el tamaño que debería tener. Esos lunares que, tras abrir algo más que un par de botones, sobresalen en inmejorable contraste sobre la piel blanca y tímida que tiembla al ser explorada. Esos lunares que aparecen orgullosos y altivos cuando la ropa ha empezado a caer, reclamando un beso o una mordida. Al terminar de ver la película no pude dejar de pensar en los lunares del cuello de esa mujer. Claro que no tenía mucho más en que pensar, dada la tan repetida trama de venganza en ciertos thrillers desde hace un tiempo. Y así, casi sin querer, dejé de lado esos lunares y le permití a la memoria que saque del baúl esos otros, antiguos y no tan antiguos, pasados y no tan pasados, y los nuevos y peligrosos. Cerré los ojos y los recreé.

Pude sentarme en el pupitre de atrás de ese ángel y susurrarle, con un poco de soberbia, que ella no puede ver el perfecto lunar que tiene sobre el pabellón de su oído derecho, mientras que yo puedo dedicarme casi exclusivamente a mirarlo mientras desatiendo las clases. Pude agredir con un beso a esos labios, rodeados de pequeñísimos lunares y hacerlos sonreír. Pude asomarme a ese profundo escote durante una caminata por el campus, para seguir con el lunar el ritmo de la respiración de una chica activa, sonriente y preciosa. A ese lunar no lo vi mucho, incluso me empeñaba en mirarle a los ojos a la chica, pero con tan pronunciado escote, el lunar me hacía un guiño para que le preste algo de atención... Pude morder ese llamativo lunar en el borde del hoyuelo en la quijada de esa niña, niña en verdad, que una noche quiso irse conmigo y le dije que sí, y otra noche quiso que me vaya con ella y le dije que no. Pude encontrar el punto secreto, camuflado bajo el espesor de una media nylon que terminaría desgarrando, marcando el camino en sus piernas, cada vez más largas, cada vez más blancas, en ese tiempo cada vez más mías y ahora cada vez más lejanas, ese lunar que hace tiempo me olvidó y que ahora se ríe de mí en mi memoria. Pude esbozar la misma sonrisa de hace años, cuando unas manos inexpertas descubrieron ante mí esos pechos inexplorados, los pechos y el lunar que sorprendí trepando por uno de ellos y que atrapé con mi mano izquierda, más temblorosa que la de ella. Pude bromear con la vecina, tratar de limpiar esa mancha a un lado de su mentón, esa que Dios dibujó con un lapiz de punta afilada, con su pulso infalible, ese tan bien colocado y llamativo. Pude recostarme y deleitarme con las constelaciones más hermosas en la blanca espalda de una mujer, olvidarme del tiempo y contar cada estrella en el pequeño firmamento de su cuerpo, tan infinito, retirando las nubes negras de su envidiable cabellera suelta y salvaje para tener una mejor vista de la perfección de su espalda, capturando con chocolate a las estrellas más grandes, chocolate que no necesité la última vez gracias al delicioso bronceado de su piel caliente.

¿Y mis lunares? ¿Alguna los recordará? ¿Volverán a la mente de la chica que casi me arranca uno de una mordida? Y la chica que hurgó en mí hasta encontrar el más escondido ¿volverá a sonreír si lo recuerda? ¿Será que la que intentó contarlos todos se acuerda cuántos contó? La que me dijo que el de mi ojo parece una lágrima ¿creerá que dejé de llorar?... Tengo mucos lunars como para que nadie los recuerde. Dando y dando, que habrá algunos que he olvidado ya...

sábado, noviembre 29, 2008

Ganas de conocerla

Por primera vez en la vida sentí ganas de conocer a alguien que ya murió. Debo aceptar que muy pocas veces he sentido realmente ganas de conocer a alguien... Encontré a la mujer perfecta, cerveza en mano, voz diabólicamente angelical, bella como pocas, infeliz como muchas, una nube de humo de tabaco a su alrededor, lentes, lentes, lentes (a veces sin cristales), la pinta más deliciosa de cualquier estrella de rock en la historia, la personalidad más arroladora sbre el escenario... Pero lleva más tiempo bajo tierra del que la pasó con los vivos.

¿Qué le hubiera dicho? ¿Me hubiera podido acercar a ella? ¿Me hubiera subido a bailar sobre la tarima cada vez que ella lo pidiera? ¿Hubiera aprendido sus canciones? Si hubiera estado con un par de cervezas dentro, talvez le hubiera invitado un whisky, aunque ya me conozco y seguramente los nervios me hubieran dominado y me la hubiera quedado mirando como un enfermo, tratando de escuchar su risa para no olvidarla nunca en vez de ir en busca de sus besos para no ovidarlos nunca. Creo que hay demasidos "hubiera" en este párrafo... demasiados "hubiera" en mi vida... demasiados de estos párrafos en mi autobiografía...

Me hubiera gustado llevarme bien con ella en la secundaria -otra vez "hubiera"- no como los anormales de sus compañeros que la consideraban una freak... ¿Qué hay de malo en ser freak? No hay modo de saberlo, pero les aseguro que yo hubiera sido como los anormales de sus compañeros, aunque tampoco hubiera ido a la tal fiesta de graduación.
Hoy, cansado después de tanto caminar, armar estantes, mover cajas, poner libros en los puestos y dejarle plantada a una amiga, quisiera poder ir a tomarme una cerveza con Janis, robarle su dosis letal de heroína, tocar una canción que ella nunca haya oído mientras me sonríe y me acaricia el brazo, hacerle un par de chistes y reírme de los suyos y, sacarme una foto con ella. Le enseñaría un par de canciones de Nacho Vegas, cantaríamos algo de Zeppelin, quisiera hacerle ver un par de películas y ponerme a ver las que ella me recomendaría. Y después, quién sabe, podría dormirme en sus brazos.

Tengo tanta música que escuchar, tantas cosas nuevas, que no sé si lo logre con Janis. Todos sabemos que nunca lo hubiera logrado si la hubiera conocido.

Pero igual quiero soñarla esta noche. Sería lo mejor. Es la mujer más espectacular.